martes, 7 de enero de 2020

(T3) CAPÍTULO 54: UNA HISTORIA DE DOS













 Narra Miriam:

Acababa de hacer la peor imbecilidad de mi vida.  ¿Me sentía mal? Si.
¿Me arrepentía? No. 

Llegué a mis límites, al puto borde del precipicio.

Como mi madre me decía: "cuando tengas la tentación de tirarte un tiro en la cabeza. Haz lo imposible por evitarlo, no caer al vacío. Distráete con las cosas más importantes de tu vida."

Mi hermano seguía incomunicado, Jessy estaba como yo y Derek... No pienso ni hablar de él...
 Lo único que realmente valía la pena era Dylan. Y ahora que lo había "secuestrado" me sentía confusa y me esperaba lo peor.  

¿Cuánto tardarían en darse cuenta de su ausencia? Y lo peor, después de esto, podía irme olvidando de su adopción.
Eso era lo más jodido. ¿Por qué le haría caso a los consejos de mi madre muerta?

Ya no me comprendía ni a mi misma. Pensaba que eran los demás los que me atormentaban y los acontecimientos pero solo yo era la culpable de mis desgracias. 
Mi impulsividad, mi curiosidad, mi egoísmo propio. 

- Miriam, ¿está es tu casa? Es bonita - dijo el pequeño sacándome de mi oscura mente y sentándose en uno de los sófas.

Dirigí mi mirada a él con los ojos vidriosos y llenos de miedo. 

- ¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? No tienes buena cara - continuó mirándome fijamente.

- ¿Tienes hambre? Puedo hacer sandwiches.

- Sii - afirmó pegando un saltito lo que por un momento me hizo sonreír - Allí no me daban comida basura, solo verduras y pescado - hizo una mueca de asco.

- Yo pienso que es importante alimentarse bien pero un poco de comida basura, no viene mal. ¿No crees? 

Asintió con la cabeza y le pasé el mando de la televisión.

- Pon lo que quieras, vengo ahora con la cena.

- ¿Cómo se enciende esto? - dijo dándole vueltas al mando.

No me había dado cuenta de que apenas tenía cinco años y que seguramente su padre no tenía dinero para comprar un televisor. Tal vez no valga para cuidar a un niño, ni para ser madre. Soy un desastre.

Le expliqué su funcionamiento y me fui a la cocina donde Jessy estaba apoyada en la encimera mirando a la nada.

- No sabía que hacer, Jessy. Cuando me di cuenta lo tenía en la parte de atrás del coche y conduciendo hasta casa. Parece de locos pero necesitaba pasar un tiempo con él lejos de esas cuatro paredes - me apoyé a su lado. Ella ni siquiera alzó la mirada.

- ¿Sabes lo que te puede caer por esto? ¡Estás loca, joder! ¿A quién se le ocurre? Es un delito, un secuestro. ¿Lo sabes no? - me miró sin ninguna muestra de expresión. Salvo el tono de enfado de sus palabras.

- Claro que lo sé...

- ¿Le has dicho algo a Derek? Debería saberlo. Aunque obviamente no tendría una buena reacción...

- No sabe nada y no lo sabrá - la interrumpí bajando la cabeza. No era momento para contárselo y tampoco me apetecía hablar de ello. Seguía teniendo el corazón roto en dos mitades exactas. Aún no me creía todo lo que me había dicho. 
 Resultó tan posesivo que hasta me causó miedo pero aún así seguía amándole, hasta lo más hondo de mi cuerpo. 

No entendía como en dos meses podía haber creado un sentimiento tan grande y poderoso. Casi tóxico pero Dylan era lo que más me importaba. Y no renunciaría a él por nada.

- Oye Miriam, siento haber reaccionado así. Entiendo tu posición, el porqué pero debes pensar con claridad. Imagínate lo que pensaría Coque...

Los pelos se me pusieron de punta y el cuerpo se me estremeció. Tampoco quería hablar de mi hermano, ahora no.

- No metas a Coque en esto. No está, se ha ido. Somos tú y yo y necesito tu ayuda.

Suspiró hondo y se sentó en la mesa de la cocina. 
Comencé a coger los ingredientes para preparar el sandwich.

- ¿Cómo puedo ayudarte? Nadie puede. Si vas a otro lugar con Dylan, el delito es peor. Si te quedas aquí, te encontrarán con facilidad pero al menos no pensarán que escapaste con él. Si vais al apartamento de Derek, le meterás en esto y empeorarás las cosas. 

- Me quedo aquí. Es lo más razonable.

- Miriam, no hay nada razonable en lo que hiciste - respondió seria mientras bebía un sorbo de su café.

- Solo quiero pasar el tiempo con él.

- Ese tiempo te saldrá caro.

Jessy dió por terminada la conversación y abandonó la cocina. Al acabar la comida, me reuní con Dylan. 

Me quedé en la puerta viéndole reír mientras veía unos dibujos animados. Me pareció la cosa más dulce del mundo.
No, no me arrepentía en absoluto y tampoco entendía porqué Derek no aceptaba a Dylan. 
Necesita tanto cariño y compañía y pensaba dárselo... Hasta donde me permitieran claramente.

  


Narra Lola: 



Todo se me hacía enorme. Muy cuesta arriba y cada día me sentía con menos fuerzas para seguir adelante. Obviamente, no había dejado de hacerlo. Me sentía aliviada. 
Ver la sangre fluír por mi piel, acariciándome cada mínima parte, derramándose entre mis manos, goteando y volviéndose cada vez más oscura.

Era liberador, no me asustaba. Al contrario, me parecía una de las cosas más hermosas del mundo.

Cuando era pequeña, me hacía bullying por mi problema de sobrepeso. Era incapaz de hacer frente al problema.
No tenía fuerza de voluntad ni disponía de ningún tipo de ayuda. Mi madre nunca estaba en casa, el instituto no era consciente de los problemas de los alumnos y no tenía amigos. Nadie se me acercaba.

La cuchilla y yo nos hicimos amigas, completamente inseparables. Hasta que un día, un médico descubrió mis cicatrices. 
Me pasé los tres años siguientes asistiendo al psicólogo. Me recetaron pastillas para la supuesta depresión que tenía.

¿Pastillas para la felicidad? Que tontería.. Me reía cuando las veía desaparecer en el agua mientas sonaba la cadena. Era placentero. Dejé de cortarme al poco tiempo. Mi madre miraba cada mínima zona de mi cuerpo.

Comencé a adelgazar. Mi tristeza interior se volvió superior. No disponía de mi pasatiempo favorito. Me lo arrebataron y no pude poner pegas o lo siguiente sería internarme en un sitio de locos. 
Siento el eufemismo pero odio esos lugares. Creo que existe mucha gente que no debería estar encerrada allí.

Muchos son por traumas personales, aquellos que nunca superas incluso metiéndote en esa institución. 

Cuando conocí a Henry, estaba enfrentando mi anorexia y todo en mi vida comenzaba a tener sentido. Por fin tenía amigos y a una persona que daría lo que fuese por mi aunque me asustaba. No tenía motivos para celarme de Érica. Henry nunca pronunciaba su nombre pero me sentía tan inferior. Tan poca cosa para él que le dí en lo que más le podía joder y lo sigo amando pero no me arrepiento. Quiero que sea feliz y nunca lo será con una chica como yo. Llena de problemas pise donde pise. 

Acabo de resumir mi vida en unos pocos párrafos. Existe mucha historia detrás de esto, la cual aún no me atrevo a confensar. Esto solo fue el incentivo, el inicio de la destrucción masiva de mi vida.

¿Qué porqué hago esto? Para intentar desahogarme tal vez. Los brazos me arden para continuar con mi pasatiempo y necesito distraerme o si no las imágenes en aquel baño vuelven a mi mente. Me siento indefensa, frágil... 
Necesito quemar todo esto, puede llegar a las manos equivocadas y entonces si que cogeré la vía fácil.

No puedo volver al psicólogo. No pienso arruinar mi vida aún más. 





Narra Derek:  








Quería llorar pero quedé rendido,
rendido al sueño de haberte tenido,
tan sentido, 
tan querido,
un lamento que coincido,
en que te llevé al olvido...




 No me salían las palabras, cuando quería acabar los informes mi mente me traicionaba y un montón de recuerdos inundaban mi mente. Escuché llamar a la puerta.

- Pase.

Justin se presentó y me sonrió.

- Ya no quedan más clientes y he terminado el papeleo. ¿Puedo irme? Tengo muchísima hambre.

Puse los ojos en blanco y solté el bolígrafo de mis manos.

- Vete, Harley. Ya me encargo yo de cerrar.

- Gracias, jefe - soltó una risita y se marchó cerrando la puerta a su paso.

Decidí acabar mañana e irme a tomar algo para desconectar un poco. Tener que verla mañana se me hacía tan pesado...

No podía verla triste o feliz... No sé como estaría. Solo sé lo destrozado que yo me encuentro. 
 Maldición. ¿Por qué no aceptaría lo de Dylan? Al menos seguiríamos bien y no la perdería por completo. 

La haría feliz y sé lo mal que lo está pasando desde lo de su madre. Tal vez, solo necesite un cambio. Algo en lo que centrar su tiempo para no pensar en nada. 

Debí sentir esta empatía cuando discutimos y no ponerme a la defensiva. 


Al poco tiempo, me encontraba en el bar de enfrente, pidiendo un Ron con cola sabiendo perfectamente que mañana tenía una conferencia a primera hora.

Deseaba que fuera fin de semana para descansar la mente. No tenía ni mente, ni cuerpo para trabajar. Era un auténtico asco.

- Hola, tomaré lo mismo que el caballero.

Alcé la mirada y mi cara emblanqueció. No, ahora no era el puto momento. Ya me había tocado mucho los cojones y no pensaba aguantarla ni un minuto más. Su sonrisa impactó frente a mi rostro. Era una sonrisa cálida, malvada y realmente seductora. 

Las tres cualidades que más me gustaban de Melanie pero todo había cambiado. Con el tiempo comprendí que solo la malvada era la verdadera. 

- ¿Qué tal empresario? ¿Por qué tan sólo?

Como siempre su ironía me descolocaba y al mismo tiempo, me hacía rabiar. Siempre elegía el momento. Lo odiaba.

- Melanie. Vine a tomarme un trago tranquilamente. No necesito tu innecesaria compañía - dije sin levantar la mirada mientras pagaba al camarero.

- ¿Acaso molesto? No mientas Derek. Conozco esa mirada. Triste, aislada... ¿Qué te pasa? - murmuró como si aún siguiese conociéndome aunque era verdad. Había acertado pero mi asertividad continuaba.

- Si, molestas.

Soltó una carcajada. Me quedé perplejo ante su reacción. ¿Acaso no lo había entendido bien? ¿Por qué no desaparecía de mi vista de una maldita vez? Como siempre hace, bueno, hacía...

- ¿Qué ocurre?

- Sigues siendo igual de testarudo. No cambiaste nada. No es algo malo, de hecho es lo que me hizo enamorarme de ti. 

Puse los ojos en blanco. Ahora si que acababa de provocar la Tercera Guerra Mundial.

- ¿Perdona? ¿Enamorada? Tú solo te quieres a ti misma, en tu vocabulario no existe el término "enamorarse" - dije marcando las comillas con los dedos.

- Claro, tú tienes tanta experiencia en eso, ¿no? Siempre es culpa de los demás.

- No siempre... En nuestro caso si - tragué saliva. Se me hacía rarísimo referirnos a "nosotros". Hacía mucho que no lo hacía. 

- ¿Problemas con tu actual pareja? Por qué sigues con la medio muerta, ¿no?

- ¿Por qué eres así Melanie? Te acogí en mi casa aún después de todo lo que me hiciste, te mofaste de mi en mi propia cara, te metes con mi exnovia como si nada te importase. ¡¿Por qué?! - salté alzando la voz mientras todos dirigían su mirada a nosotros. Ni siquiera me di cuenta de que le había confesado mi ruptura.

Bufé y me dirigí a la salida pero su brazo me impedió continuar con lo planeado.

Me volteé.

- Nunca te pedí perdón. Sé que para ti soy un monstruo pero las personas cometemos fallos, herimos a otras sin darnos cuenta del daño que provocamos y también nos dañan a nosotras. La vida es un continuo bucle de mierda pero de algo estoy segura Derek. Te mereces ser feliz, aunque no pueda ser conmigo. Me meto contigo porque me da gracia, ¿vale? - miraba continuamente al suelo hasta que alzó la mirada - Nunca dejaré de quererte, fuiste fundamental en mi vida.

Me quedé observándola un par de segundos mientras procesaba todo lo que acababa de decir. ¿Enserio esta era Melanie? ¿Dónde estaba la chica fría con la que salí un par de años? 

- Lo siento, Derek. Solo quería acercarme un día y decírtelo pero dolía, la lengua se me trababa y las palabras no conseguían salir de mis labios - se encogió de hombros - Intento ser más sincera y cariñosa pero es muy difícil cuando nunca lo has sido - me miró tímida. Una parte de ella que nunca había conocido y que me gustaba. - A si que, siéntete priviligiado. Eres la primera persona a la que le pido disculpas, de manera totalmente sincera quiero decir. 

Sonreí, la Melanie que conocía se reflejó completamente en esa frase. 

- ¿Qué? - le contagié mi risa y ambos parecíamos estúpidos o bipolares. No lo sé pero fue una risa sincera, la cual hacía tiempo que no tenía con ella. Los buenos recuerdos eran geniales. 

La conexión volvió a surgir entre nosotros y ambos nos fuimos acercando sin darnos cuenta. Hasta que perdimos el control y ambos nos besamos pasionalmente, recordando y a la vez, olvidando...








Narra Jessy: 


Llamé a Carlos. Me sentía preparada para comentarlo todo y para disculparme por no avisarlo de mi plan. Le dejé tirado y ni siquiera había pensando en él cuando ocurrió todo. 

Me gusta pero llevamos poco tiempo, es normal que no le ame. Solo siento un cariño especial por él. Me ayudó cuando lo necesitaba cuando Coque estaba demasiado ocupado con todo lo demás. No pienso mencionar a la zorra de su esposa. 

Ni siquiera sabía lo que Coque tenía planeado hacer con ella al regresar. Supongo que divorciarse. 
¿Por qué mi mente se desvía continuamente a él? 

Tal vez, le echo más en falta de lo que pensaba. Debí haberme ido con él pero mi vida personal no me dejaba. 

Por fin, al sexto tono Carlos respondió al otro lado de la línea.

- ¿Si?

- Oye, llamaba para disculparme sobre lo sucedido. Siento no haberte dicho nada. Se me fue la olla por completo.

- Aja.

- ¿Estás enfadado? - respondí ante su respuesta completamente borde. Algo impropio de él. 

- Jessy, ahora no puedo hablar. Tengo ensayo. Hablamos otro día, ¿si?

- Okey... 

Y colgó sin ni siquiera darme tiempo a despedirme. Contemplé la hora, las once de la noche. ¿Cómo podía ensayar a estas horas? 

Me había mentido. 
Me estaba evitando. 
¿Por plantarle ante una situación tan fundamental e importante?
En seis simples palabras,
que- se- vaya- a- la- mierda. 





Narrador Onmisciente:









 
Miriam y Dylan reforzaron su relación. Comenzaron a hablar desde la vida del pequeño hasta de la más mínima tontería que se les ocurriesen.

La madurez del pequeño la sorprendía notablemente. Era muy sabio para tener la edad que tenía. Conocía poco de la vida pero sabía exactamente que caminos tomar. 

- ¿Y qué quieres ser?

- Tú primero - respondió Miriam con una sonrisa de oreja a oreja mientras ambos estaban recostados en el sofá con dos chocolates calientes y una manta. Estaba finalizando el verano y el frío cada vez era más notorio.

- Bombero. Siempre quise ayudar a las personas y el fuego no me da miedo.

- Pues yo cantante, para que las personas disfruten de mi música. ¿Qué te parece? 

- Genial, ojalá lo consigas, Miriam.

Ella comenzó a pensar en la posibilidad de que algún día le llamase mamá y eso le ponía los pelos de punta pero en el fondo, le encantaba. Cada vez conocía más cosas del pequeño y la posibilidad de cuidarle y apoyarle como una madre era más posible hacerla realidad.

Era consciente de que lucharía por esto. 

- Así que los dibujos animados aparte de hacerte más listo también son divertidos.

Miriam no supo identificar si era una pregunta o una afirmación pero de lo que estaba segura es que le resultaba hermoso que se acordase de sus palabras. Prestaba atención en ella y era un gran comienzo.

- Algo así, es una buena forma de explicarlo.


Se escucharon unos golpes en la puerta. Miriam no prestó mucha atención. Solo tenía ojos para Dylan. 

Jessy acudió a abrir la puerta y se esperaba lo que vieron sus ojos. Dos hombres trajeados y con placa se presentaron frente a su casa.

- ¿Miriam Fernández?

- Voy a llamarla - respondió emprendiendo el paso.

Entró a la sala y tragó saliva.

- Llegó el momento de despediros... - murmuró captando la atención de ambos que cambiaron su sonrisa por una expresión totalmente contraria. 

- ¿Tengo que volver allí? - expresó el niño cuando Jessy abandonó el lugar para avisar a los polícias.

- Será por poco tiempo. Saldrás cuando menos te lo esperes, Dylan - cogió sus manos mientras unas lágrimas comenzaban a inundar sus ojos. No quería perderlo, otra vez no. Estaba harta de perder a todo el mundo.
No podía estar sola, eso la mataría por dentro. Cada día estaba más destrozada y era más difícil de remediar.



- ¿Volveré a verte? - contestó el pequeño mientras sus ojos cielo parecían oscurecerse.

- Puede. Aunque no esté a tu lado, siempre estaré en tu corazón... - sonrió forzosamente. No quería que lo último que viese Dylan fuera lágrimas. Ya había tenido mucho dolor en su vida, no podía causarle más.

- Te quiero, Miriam - dijo sinceramente dándole un gran abrazo mientras Miriam se rompía en pedazos.

Ambos caminaron de la mano decididos hasta la puerta principal. Se llevaron al pequeño y Miriam continuó observando su mano completamente vacía. Así se sentía, vacía.

- Acompañenos a comisaría, por favor. 

- Iré a buscarte, ¿si? - anunció Jessy mientras la coraza de Miriam se deshacía por completo y las lágrimas inundaban su rostro. Estaba harta de fingir estar bien.

Asintió y uno de los policía la esposó llevándola al interior del coche. 

Mientras observaba el paisaje por la ventana, Miriam solo podía pensar en lo merecido que se lo tenía. 

Todo era por su culpa, todo completamente.







domingo, 29 de diciembre de 2019

(T3) CAPÍTULO 53: UNA TRAGEDIA MÁS


Narra Derek:

Un día te despiertas y piensas que todo lo que te rodea es falsedad. Una gran mentira que jamás te habías imaginado descubrir y peor aún, un dolor incapaz de describir con palabras. Simplemente, eso. Una tragedia más.
El nerviosismo sube lentamente por tus arterias y un cabreo incontrolable inunda tu mente. 
La gente es tremendamente egoísta. 
Solo pensamos en nosotros mismos e intentamos hacer creer a los demás que nos importan cuando no es así. 

Cuando Miriam me contó aquello, sentí como mi sangre dejaba de circular. Me sentí helado, petrificado y lo más impactante es que tenía muchas cosas en mente que deseaba decir pero ninguna lo suficientemente apta como para expresar con palabras. 

Mi padre, una vez, cuando estaba en el limbo entre la vida y la muerte, se acercó y me dijo "¿Recuerdas aquella vez que dije que había estado trabajando hasta tarde? Pues en realidad, le estaba poniendo los cuernos a tu madre".
Eso fue lo que dijo. Explícitamente, duramente y sin titubear. 
 Me sentí roto por dentro. Como una estrella que había dejado de brillar.  
Con el tiempo comprendí a mi padre y las razones de porqué durante 10 años mantuvo ese pequeño desliz en un encogido rincón de su memoria y disfrutó de su familia como cualquier padre podría haber hecho.
 Me dio todo el amor y conocimiento del mundo y me dejó sus bienes más preciados. La empresa por la que tanto había luchado durante toda su vida. 

Había pasado una semana desde que me había marchado precipitadamente de casa de Miriam. Aún no sabía que decirle y mi celular estaba repleto de llamadas perdidas y mensajes de ella pero aún no estaba dispuesto a responder hasta no aclarar mis ideas. 
Me senté en mi despacho y comencé a hacer las cuentas del local que llevaba atrasadas desde la boda. 

Una llamada en la puerta me distrago de mis pensamientos. Justin apareció de repente acompañado de Miriam.

- Jefe, debemos de reunirnos con el señor Clarín en la sala B2. Tenemos la presentación lista y Miriam hará los sonores. Se aprendió el texto como la palma de su mano y tiene una facilidad increíble para conectar con el público.
Justin pasó su mano por sus hombros a lo que ella respondió con una cálida sonrisa. Un calor comenzó a subir por mis puños. 

- Os veo allí. - concluí saliendo de mi despacho apresuradamente antes de soltar cualquier disparate fuera de lugar. 
Durante la reunión, notaba la mirada de Miriam fija en mi. Yo me limité a bajar la cabeza y centrarme en el papeleo aunque mi cabeza no dejaba de dar vueltas y más vueltas.
Al salir, Justin pegó un chimpo emocionado.

- ¡Miriam, estuviste genial! - dijo entusiasmado mientras ella sonreía sonrojada - Debemos celebrarlo, os invito a tomar una copa. Venga, no os rajéis - nos guiñó el ojo y fue a cambiarse de ropa para ponerse una formal.




- Derek... Yo... Me gustaría que hablásemos.

- No hay nada de que hablar, Miriam.

- ¿Por qué te fastidia tanto? - pregunta siguiéndome hasta el despacho. Cerré la puerta y ambos nos encontramos de nuevo sólos y como siempre acabaríamos gritando. Llevé mis manos a mi cabello y con nerviosismo me despeiné.

- Porque no tuviste en cuenta mi opinión Miriam. Te tiraste al vacío como si lo que yo pensase no contara y esto que ambos tenemos se llama RELACIÓN. Se basa en la cooperación, comunicación y confianza entre ambos. ¿Te parece normal ocultarme esto hasta ahora y comenzar con los trámites antes de contármelo?






- Es Dylan. Pensé que tú... sentías lo mismo que yo siento por él. Es un pobre niño Derek... - bajó la cabeza con la mirada perdida.

- Si te encuentras otro niño en la misma situación ¿también lo adoptarás? - me senté sobre el escritorio y crucé los brazos desafiante.

- Derek, ese fue un golpe muy bajo. Sabías perfectamente el cariño que le tengo a Dylan - se acercó a mi alzando un dedo.

- Pensaba que sabía también lo que significaba para ti pero veo que no... - giré la cabeza evitando su mirada. Sé que si la miro directamente a los ojos me desplomaré.

- Claro que significas. No digas tonterías. Sabes perfectamente que eres el niño de mis ojos... -susurró bajo mientras se mordía el labio - Lo digo completamente en serio - me cogió de la mano. Quise apartarla pero algo me evitó hacerlo y alcé la mirada.

- Demuéstramelo. Las palabras se las lleva el viento. Necesito actos.

Ella sonrió timidamente y acercó sus labios a los míos poniéndose ligeramente de puntillas. Besé sus labios con ternura mientras ella acariciaba mis músculos con suavidad al ritmo que nuestras lenguas jugaban. Abrí los ojos en medio de aquel fugaz beso pero volví al cerrarlos al sentirla tan cerca de mi. Respiración con respiración. El uno con el otro.



- ¿Esto sirve? - dijo separándose unos centímetros con una sonrisa pilla.

- Debes elegirme Miriam.

Ella me observó pensativa frunciendo el ceño y levantó los hombros.

- ¿A qué te refieres?

- Dylan o yo. Tú decides - dije con claridad volviendo a cojer sus manos.

- ¿Estás loco? ¿Enserio vas a hacerme elegir? - dijo ofendida pero sin soltarme las manos.

Asiento seriamente y ambos nos miramos fijamente durante unos segundos sin decir absolutamente nada.
Ella suelta mi mano.

- Ya veo lo que te importo al hacerme elegir - se dirige a la puerta - Creo que ya sabes la respuesta. Buena suerte, Derek.

Y al cerrar la puerta, un escalofrío recorrió cada zona de mi cuerpo como si me hubieran roto en pedazos cada vez más pequeños que se triplicaban. Y es cierto, me habían roto el corazón en pedacitos.



Las lágrimas comenzaron a deslizarse rápidamente por mis mejillas. Me senté en mi despacho y suspiré hondo mientras un dolor recorría mis entrañas. Cada vez más fuerte, cada vez más intenso.






Narra Jessy:

Los días seguían pasando y seguíamos sin respuestas. Obviamente, no sabíamos nada sobre Érica y el bebé pero tampoco teníamos ni idea de Coque. Me molesté en dejarle mensajes pero ni siquiera le llegaban y la esperanza cada vez era más reducida. 
Lo echaba de menos y me sentía culpable, si hubiera respondido antes, esto no habría pasado.
Carlos se me pasó por la cabeza, en toda la semana no me había acordado de su existencia y por lo visto él tampoco.
Tal vez, decidió dejarme espacio después de todo. 

Eso era lo que menos me preocupaba.

Tenía una carta escrita para Coque, diciendo cuanto lo lamentaba y lo mucho que lo quería. Aunque ciertamente sabía, que nunca saldría a la luz.
A lo mejor, no volvía jamás.

Fueron demasiados acontecimientos juntos, la muerte de su madre, la infidelidad de Érica y sobre todo el bebé tan deseado... Se había hecho a la idea de que sería un padre ejemplar y que seguramente tendría su pelo.

Yo también estaría destrozada, con los sentimientos a flor de piel y además... Con el corazón totalmente destrozado. 

Se escuchó la puerta de casa. Miriam apareció con los ojos rojos y un niño pequeño a su lado.


- Jessy, acabo de cometer una verdadera locura.

Me quedé perpleja.

- ¿Dylan?

La cara de Miriam emblanqueció y la mía también.










Narra Pris:  



Joder, estar en un pav a las doce de la madrugada con Álvaro se sentía fatal.
Hacía una semana del revuelo y con Coque desaparecido y la mayoría de mis amigos rotos en pedazos, no era un gran momento para irse de fiesta con él.


Aún no tengo muy claro lo que somos y creo que el tampoco pero prefiero no ponerle etiqueta por el momento. O tal vez nunca.

De pronto, aparecieron David y Blas con su mejor sonrisa.

Obviamente, Carlos no apareció por lo de la boda supongo y Dani.... No era de fiestas aunque seguramente, si estuviera Miriam fijo que se venía. Creo que le encanta aunque ella esté completamente enamorada de Derek.

- Hey Pris, tierra llamando a Pris.

Veo la mano de David moviéndose por delante de mi rostro y alzando mucho la voz por encima de la música.

- Dime.

- Te invito a tomar algo.

Pido una Estrella y salimos a la terraza del pav mientras Álvaro y Blas se quedan hablando dentro.

- ¿Qué es lo que tienes con Alv? - sonríe llendo completamente directo al grano.

Me sonrojo sin saber muy bien que contestar. Sabía que tarde o templano llegaría este momento incómodo pero no me lo imaginé tan pronto.
  
- Sinceramente, ninguno de los dos lo sabemos - me encojo de hombros.


- Para serte sincero, nunca había visto a Alv tan feliz. Desde que te conoce, no rechista en ningún ensayo y no se enfada cuando le como las galletas de chocolate. Nunca lo había visto así, hasta pensé que podía estar enfermo. Pero es la enfermedad del amor, ¿no es así? - acompaña el comentario con una sonrisa boba y un guiño.

- No sé que responder a eso. Si es una forma de incidir en que le pida salir. Estás pirado - pong0 los ojos en blanco.

- Por supuesto que no. Ya te lo pedirá él. En el momento que más rabia te dé. Confió en Alv y tiene mi aprobación en cuanto a ti.

- ¿Por qué tendría que tener tu aprobación para salir con una chica? - digo olvidando los demás comentarios detestables.

- Porque soy su hermano, no de sangre pero ya me entiendes. Y debes de estar dándole unos polvos increíbles porque parece Bob Marley cuando se fumaba unos petas.

- David - le pego leve en el brazo y él se sonroja.

- Lo siento, creo que esta mierda empieza a subirme - dice enfocando su atención al culín del cubata.


David desaparece de mi vista y me sumerjo en el paisaje que se contempla desde la terraza. Siento unas manos rodeándome por la espalda.



- Espero que David no fuera muy irritante. Cuando bebe se pone sincero.

Noto su respiración en mi oído y mi cuerpo se estremece. Me volteo y deposito un beso en la comisura de sus labios.
 Paso las manos alrededor de su cuello y acaricio su cabello.



- Tan solo nos dió bendiciones. Papá David, acepta nuestra... - me cayo antes de joderla y sonrío - aventura.

- Me gusta esa etiqueta.

Me pierdo de nuevo en sus labios y todo el dolor y preocupación de hace unas semanas se desvanece.

El ambiente me vuelve loca. 
El alcohol me vuelve loca.
Álvaro me vuelve completamente loca.






Narra Henry: 


No, es un intento en vano. Hablar con ella no servirá de nada y además después de todo lo que ha pasado. 
No sé ni que decir, estoy roto por ambas partes. Por mi situación sentimental y por... la familiar supongo.

Aún no me acostumbro a la idea de tener un bebé y menos con la mujer a la que tanto amaba y me traicionó y destrozó el corazón.
Ya no sentía nada, pasé del amor, al odio y del odio a la indiferencia gracias a Lola.

No sale de mi cabeza aunque ahora mismo tenga problemas en mi vida mucho más importantes.

Mi vida gira alrededor de esa pobre chica y su trauma.

Me siento como si la abandonase... Aunque ella fue la que no quiso saber más nada de mi.
Rompimos por Érica y cuando había una pequeña gota de esperanza... Todo se fue a la mierda y desearía con todas las fuerzas estar a su lado pero es imposible. No me quiere a su lado. Ni a mi ni a nadie y eso me asusta.

¿Qué podría hacer?

Desobedecerla sería a un peor. No respetar sus decisiones y su vida. Entrometerme hasta el fondo y resultarle pesado pero desentenderme de su vida y sus problemas era cruel y sin corazón. 

La cabeza parecía que me explotaría en cualquier momento.

Llevaba una vida tan tranquila, tan feliz al lado de Miriam... Pero la cagué y ahora la razón de mi cagada, me la devolvió.

La puerta se abrió y desconecté de mi mente centrándome en ella.

- Hola, tenemos que hablar. No me vale un no por respuesta, te dejé una semana de margen - me hice hueco y entré en su casa. 

Ella se quedó callada mientras se sonaba los mocos y tomó asiento en el sofá. Sin ni siquiera ofrecerme algo de beber, se tapó con las manos y limpió los mocos.

Esa imagen me recordaba tanto a Lola que una terrible culpa y pena me atormentó por dentro...
Pero era diferente, Érica se merecía todo lo que le estaba ocurriendo. Es mala persona, una mentirosa a la que le gusta jugar con las personas. Se merecía esto y más.

- ¿Qué quieres? - intervino en mis pensamientos muy ruda.

La pena que sentía repentinamente por ella, se apagó y volví a la realidad.

- Creo que es obvio el porqué he venido.

- Todo está aclarado. Jessy y tú lo dejásteis claro y también la chica del pelo corto...

- Pris - respondí tanjante.

- Esa. Me dejásteis como una bruja embarazada delante de familiares y amigos. He perdido muchas relaciones amistosas por vuestra culpa y no sé nada de mi familia desde la boda. 

- ¿Te quejas? ¿Sabes como me sentí al saber que el hijo que esperas es mío? ¿Y Coque? - fruncí el ceño y pasé mi mano por el flequillo - Nos has hecho mucho daño. Toda la culpa es tuya aunque yo también tengo parte de culpa al dejarme engatusar por ti. El único que se salva es Coque, ese hombre te quería de verdad y lo arruinaste todo.

Érica aguantó fuertemente las ganas de llorar y puso una sonrisa falsa.



- Me importa una mierda que estés mal. He perdido a Coque, y eso es por tu culpa.

- ¿Mi culpa? Yo no tenía novia cuando nos revolcamos. Yo fui legal, en cambio, tú... - alcé mis manos excusándome.

Se levantó y se sentó a mi lado con mirada intimidante pero esta mujer ya no provocaba ni el más mínimo sentimiento en mi.

- Todos cometemos algún que otro error y yo continúe con mi vida hasta que apareciste de nuevo. Jodiéndolo todo de nuevo, como siempre - se rascó la nuca como si ni ella misma se creyese todo lo que estaba diciendo.

- Era mi bebé y creéme no voy a renunciar a él aunque me disguste quien sea la madre.

Su expresión ofendida me causó risa. ¿Es qué acaso pensaba que después de todo la seguiría queriendo?

- Si pudiera abortar, lo haría ahora mismo.

- Tuviste tu oportunidad pero preferiste decir que el bebé era de Coque y continuar con tu feliz boda de princesa y cuentos de hada pero nunca existe un final feliz.

- Estúpido - dijo alzando los puños para empujarme. Logré parar el golpe agarrándola de los puños. La cogió de imprevisto y se precipitó sobre mi. A unos cuantos centímetros de mi rostro.

Miré sus ojos llorosos y brillosos. 
Se fue acercando poco a poco a mis labios y justo cuando la tenía a escasos milímetros. La agarré de los hombros y la retiré de encima mía.




- Nunca cambiarás, Érica - murmuré levantándome y dirigiéndome a la puerta principal.

- Tú tampoco, casi no reaccionas y me dejas besarte. Admite que sigues coladito por mi - dijo sonriente mientras se acomodaba en el sofá.

- Ojalá nuestro hijo no tuviera un tan mal ejemplo de madre - di por cerrada la conversación y salí de su casa.

No me podía creer que Érica intentase besarme. Ya no me extrañaba nada de ella. No podía ni siquiera culpar a las hormonas del embarazo. Era ella así. Siempre. 

No había explicación. Era una persona que odiaba estar sóla. Necesitaba cariño, el cariño que nunca su familia le dió, por eso era así.
Fría, malvada, poliamorosa, mentirosa... Ocultaba realmente su verdadera forma de ser, de pensar y hablar. 

Érica fingía ser una persona fuerte cuando en verdad, no era nadie...






Narra Coque:



Querida Jess:

Nueva York es increíble, la mejor terapia post-sentimental del mundo. Ahora entiendo porque la zorra de mi esposa quería venir aquí. 
No sé cuando tardaré en volver a Barcelona. Se está genial aquí y tengo todo un mes aún por disfrutar. 
Si lo preguntas, sí. Estoy algo bébedo. Pero no es muy grave dado que por el momento aún logro escribir con claridad y llevaba días pensando en escribirte aunque no fuese a mandártelo. No lo sé, estoy demasiado pedo para pensar en que hacer.

Ojalá tenerte aquí y comerte la boca. Me encanta hacerlo borracho o cuando ambos lo estamos y es que la imagen de ese día no se va de mi cabeza ni por un segundo y lo de echarte de menos tampoco ayuda mucho. (Creo).

Bueno, debo dejarte, una de las camareras de este bar está intentando echarme porque van a cerrar pero cada vez que me habla en inglés, no la entiendo y cuando le hablo yo, me entiende aún menos. Así que creo que aunque esté terriblemente buena, no tengo posibilidades. Ya que ligo con ella y no me entiende.

Adiós, Jess. Hasta pronto.



Coque.




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lunes, 22 de abril de 2019

(T3) CAPÍTULO 52: SE MURIÓ DE CELOS







Narrador Onmisciente:




La lluvia lo había inundado todo.
Todo se había ido a la mierda.
El cabello de Jessy y el maquillaje se estropearon por completo mientras sus pies se encharcaban al correr bajo la lluvia.
Se perdió en el camposanto buscando un sitio donde refugiarse de la lluvia.
Justo en frente de la tumba de la madre de Coque, encontró a un chico moribundo, con la corbata desata y los ojos rojos. Sus lágrimas no se distinguían de la lluvia.
Lo vió tan débil y desprotegido, allí sentado. Sólo, mientras se cogía las rodillas con las manos.
Los pasos de Jessy le hicieron levantar la cabeza. 
Sus miradas se encontraron y Jessy no pudo evitar sollozar al ver al chico del que aún seguía enamorada completamente roto.

 - Coque...

 No apartó la mirada de ella.
Ella se sentó a su lado, imitando su postura.
Se agarró las rodillas y miró al horizonte.
Jessy extendió las manos cogiendo las pequeñas gotas que caían del cielo.


- Cuando el reverendo me estaba preguntando si quería pasar el resto de mi vida al lado de ella. Solo tú 
me pasaste por la cabeza, Jess. Todos nuestros recuerdos. Y te mentí, cuando te dije que no recordaba la noche en la que ambos estábamos borrachos. No dejo de recordarla una y otra vez desde que ocurrió. Así que tal vez, esto haya sucedido por algo, Jess. No creo en las casualidades pero si en el amor y nunca he tenido en mi vida algo tan claro, Jessy. Me gustas, me gustas muchísimo - Coque alzó la mirada con lágrimas aún en los ojos por todo lo que había ocurrido. Jessy le miró completamente sorprendida ante lo que acababa de decir. Pensaba que desde que había planeado casarse con Érica, todo lo que había ocurrido entre ellos estaba olvidado e incluso se estaban alejando el uno del otro. Se equivocaba, el chico que le gustaba le acababa de demostrar lo que sentía por ella después de haberse casado con una mujer a la que realmente no quería. - Solo quiero saber, si tú sientes lo mismo o me estoy montando una película yo solo - soltó una risa cargada de cansancio y frustación y se frotó los ojos - Soy gilipollas, pensarás que solo te digo esto porque me acaban de dejar plantado y que eres el segundo plato pero siempre fuiste el primero, Jess. Lo siento por no darme cuenta antes. 

Jessy le mira perpleja sin saber muy bien que responder. Era el chico del que estaba enamorada ¿no?, ¿aún seguía enamorada de él?

- Jess, contéstame. Di algo, me pones nervioso - sonrío acercándose a ella. 

- No sé Coque. Estoy con Carlos. Él es quien me importa ahora. Reconozco que antes sentía algo por ti pero ahora no lo tengo tan claro - susurró apenada dándose cuenta del error que estaba cometiendo.
Coque le miró consternado y bajó la mirada.

- Me iré unas semanas a Cuba. Aprovecharé la luna de miel. Si vinieras conmigo te demostraría que aún sigues enamorada de mi, Jess.

- Coque... - susurró Jessy bajando la mirada.

- Carlos, lo sé pero dame una oportunidad.

- No es solo Carlos, es también el trabajo y la próxima semana empiezan las clases. Son muchas cosas juntas, Coque. No puedo irme sin más, desaparecer. Además, ¿qué pensaría Miriam si se entera de que nos fuimos juntos de viaje?

- ¿Qué más da lo que piense la gente? Vamos, Jessy.

- No estoy segura de que sea lo mejor... Lo siento.
Coque se levanta y limpia las manos a su traje.

- No pasa nada. Nos vemos en unas semanas,  Jessy. Piensa en lo que te dije, voy a hacer las maletas - se despide acercándose para darle un beso cauto en la mejilla.

En un autoreflejo, Jessy gira la cara y quedan a dos centímetros el uno del otro. Se miran a los ojos y Coque lleva su mano a su mejilla. Jessy se derrite por dentro y cierra los ojos mientras Coque se impulsa. 
Ambos se unen en un tierno beso. Un beso de despedida. 




Jessy sube las manos por sus brazos y continua recorriendo cada centímetro de su boca mientras las gotas de lluvia caen sobre ambos empapándolos aún más.

Se separan y Coque apoya su frente sobre la de Jess y la mira a los ojos.

- Me encantas - susurra dulcemente mientras es Jessy esta vez la que se abalanza sobre él.

Lo que no saben, es que alguien muy cerca de donde están los observa.
Los observa muy detenidamente entre los matorrales y se marcha con las manos en los bolsillos...






Narra Miriam:







Llego a casa y busco en todas las habitaciones a Coque. Cuando llego a la suya y veo toda la ropa esparcida por la cama y que la maleta no está me doy cuenta de que realmente ha pasado.
Le llamo pero no recibo respuesta. Ya es la tercera vez y aunque sé que no me responderá, no dejo de
hacerlo, por la preocupación que tengo.

Llaman a la puerta. Al abrir veo a Derek con un enorme ramo de flores.


- Hey, ¿está tu hermano?

Le dejo pasar mientras niego con la cabeza.

- Lo siento mucho, Miry. ¿Cómo estás? - me tiende las flores y las cojo admirándolas.

- En shock. ¿Cómo pudo hacerle Érica algo tan despreciable a mi hermano y él marcharse sin ni siquiera echarle las cosas en cara? Flipo - me siento en el sofá totalmente confundida.

- Yo también me quedé flipando pero él que más flipó fue Carlos. Cuando vió a Jessy en el altar y ni siquiera le dirigió la mirada. Lo dejó tirado...

- Fue por una buena razón. Yo la entiendo, totalmente.
No lo sé, Derek. Me parece fatal lo que Érica hizo.

- Ya, es que ocultarle un hijo... Es demasiado fuerte. Además que no es suyo. - anunció Derek sacando el móvil del bolsillo y leyendo los e-mails del trabajo.
Miriam se quedó pensativa. Tal vez era el momento de comentarle lo de la adopción de Dylan. Tarde o temprano debía contárselo.

- Oye Derek... 

- ¿Si? - dijo aún mirando el móvil.

- Tengo que contarte algo.

- Dime, soy todo oídos - dijo guardando el móvil.

- ¿Te acuerdas de Dylan? ¿El niño huérfano?

- Si claro.

- He estado visitándolo al orfanato...

- Ah - suelta una sonrisa sincera - ¿Qué me quieres decir con eso?

- Verás. He comenzado con los primeros trámites para su adopción. Quiero adoptarlo, Derek. No tiene a nadie y conmigo se siente... seguro. Él mismo lo dijo. Le encantaría.
- Dime que es una broma.
Mi mirada se mantiene sobre la suya, trago saliva sin saber que contestar y bajo la mirada. Me intimida. Sobre todo cuando se enfada.

- ¿Cómo lo sueltas así? Como si fuese lo más normal del mundo. ¿Te das cuenta de lo que pretendes hacer?

- ¿Y que pretendo Derek? - alzo la voz irguiéndome también - ¿Darle un hogar? ¿Cariño? ¿Confianza? La vida que todo niño tiene y deben tener no convivir en un orfanato echando su infancia a perder.
Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos sin control. Este tema es muy delicado.
Sabía que algún día saldría a la luz pero nunca pensé que sería tan pronto.

- ¿Salvar su vida y echar a perder la tuya? ¡Por dios, tienes 18 años Miriam! - exclama exhausto pasándose la mano por el cabello más de una vez.

- Y tú 26, puedes ayudarme en esto. Quiero formar una familia contigo Derek.

- ¡Si ni siquiera llevamos un año saliendo! - se pasea por el salón completamente fuera de si ajustándose la corbata.

- No importa el tiempo si no la calidad y en estos meses te he querido más que nadie que haya querido en esta vida.
Un silencio incómodo inunda el salón. Derek baja la mirada incapaz siquiera de mirarme y sale de la casa dando un portazo. Cierro los ojos con fuerza reteniendo las lágrimas que amenazan con salir disparadas nuevamente de mis ojos.





- Mierda... - me muerdo el labio arrepintiéndome por habérselo contado. Tal vez no era el momento idóneo. ¿Aunque cuando debería serlo?

Fui sincera, en todo momento. Le he dicho todo lo que pensaba a la cara y creo que eso es más que suficiente para que me entienda y confíe en mi. Si de verdad me ama, lo aceptará. Es un riesgo al que debo someterme.
Tal vez, debería dejar que lo asimilase... 









Narra Jessy:

Llego a casa y me encuentro a Miriam en el sofá mirando a la nada, pensativa.

- ¿Viste a Coque? 

- Se ha ido.

- ¿Y a Carlos?

- Se marchó detrás de ti cuando fuiste a buscar a Coque. ¿No lo viste?

- No - frunzo el ceño pensativa - Voy a buscar a Coque. No puede irse - digo cogiendo las llaves del coche de Miriam.

- Oye, en mi coche no. Que no tienes carnet y el paquete me cae a mi.

- No me veran. Iré por un atajo. Tranquila - digo saliendo por la puerta y cogiendo el coche lo más rápido que puedo.

Aparco justo en el aparcamiento del aeropuerto cruzando los dedos para que Coque no se haya ido ya. 
Lo había pensado y si, lo quería, era el momento y necesitaba estar con él. Lo necesitaba. Era el momento.

Fui corriendo por los pasillos de embarque. Me colé en la cola para uno de los vuelos y pregunté por el último vuelo a Cuba. Me dijeron que estaban a punto de despejar.
Corrí por el pasillo deseando llegar a tiempo pero no llegué.
Miré a la puerta de embarque. Estaba siendo cerrada por los seguratas y por el ventanal podía verse como un avión despejaba rumbo a su destino. 
Había llegado tarde.
No había podido decirle a Coque, que también me gustaba.
Era mi oportunidad para estar con él.
Y la había desperdiciado.
La había roto. 
Todo se había acabado...
Regresé a casa cabizbaja e ignoré a Miriam hasta llegar a mi cuarto. Una vez allí puse el cerrojo y hundí mi cabeza entre los cojines. Comencé a sollozar como nunca lo había hecho.
Que tonta había sido. Debería haberle dicho que lo quería desde el primer momento. Ahora él estaría aquí. Estaríamos juntos y no a trece mil kilómetros de distancia. Debí llegar a tiempo. Ahora él, quizá no regrese jamás...


Noté algo bajo las mantas llenas de lágrimas.
Era un sobre que contenía una carta. Me sequé los ojos y la abrí con delicadeza.
Conocí la letra al momento. Olí la carta, olía a él, a su perfume y por ello supe, que la había escrito recientemente. 






A veces el camino es tan largo que asusta el siguiente paso que vayas a dar, asusta de tal forma que tus pies se quedan parados frente al próximo obstáculo y el miedo te paraliza por completo.
Suponemos que la vida es un destino, en el que tú tomas las decisiones pero tarde o temprano ella te pondrá en su lugar dependiendo de si tus pasos son los acertados o no.
Escucho una voz en el fondo de mi subsconsciencia que me avisa de mis malos actos pero iluso de mi, la ignoro y sigo con lo que realmente quiero hacer o estoy obligado a hacer.
Siento si te hago daño pero no es a propósito, no tengo fuerzas ni para disculparme por ello pero espero que tú, sepas entenderlo y lo valores.
Te quiero, Jessy.