lunes, 19 de octubre de 2020

(T3) CAPÍTULO 58: EL TIEMPO Y LA DISTANCIA


Narra Derek:

 

  Me había quedado hasta tarde ya que no pude acabar la presentación para el día siguiente. Debía reunirme con el jefe de Nissan para conseguir un par de las nuevas marcas que habían salido este año. Esperaba que mi labia y mi currículum llegaran para convencerle de que podía sacar grandes beneficios gracias a nosotros. 

Llamaron a la puerta, era Harley. Entró reprimiendo un bostezo mientras miraba el reloj de pulsera. 

 - Señor, es casi medianoche. ¿Puedo irme? Si no mañana no seré persona en la presentación - preguntó con cautela asomándose un poco.

 - Claro, yo estoy terminando y después me iré también.

 - Gracias, señor. Por cierto - dijo regresando a la misma posición y apoyándose en mi puerta - Una mujer pregunta por usted en recepción, ¿le digo que pase?

 Me extrañaba tener visitas a estas horas pero asentí y aguardé a la mujer misteriosa. Al fin, terminé la conclusión y apagué el portátil. Podía atender a la mujer e irme felizmente a casa. Tomarme un vino y dormir. 

 Llamaron nuevamente a la puerta.

 - Pase.

La chica entró. No me sorprendió ver a Melanie tras la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y con ojos brillosos.

 

- No te veo sorprendido. ¿Esperabas mi visita cabrón? - susurró tomando asiento delante mía por su cuenta como siempre.

- Me lo esperaba sinceramente.

- ¿Por qué? ¿Mucho tiempo sin venir a visitarte verdad? - se rió mientras yo la miraba seriamente.

- Mucho tiempo sin incordiarme.

- Oye, te vi este día con la muerta en vida. Se me quedó mirando como si me conociera de algo. Pensé que no me recordaría con todo lo que pasó.

- Aléjate de Miriam - murmuré alzando la voz y apartando la mirada de las cosas que estaba recogiendo.

- ¿Por qué? No he hecho nada Derek. Aún claro - soltó una risita boba y se sentó sobre mi escritorio. Se volteó colgando las piernas sobre el lado en el que yo estaba sentado. Se acomodó irguiéndose sobre mi y haciendo que sus curvas estuvieran a mi alcance visual. Los mismos trucos de siempre, ya se los conocía todos. Ya no hacían efecto.

 - ¿A qué has venido? - dije separándome de ella.

- A avisarte. 

- ¿De qué? - me levanté cogiendo mis cosas para irme lo más pronto posible. Odiaba estar con ella. No me gustaba como me hacía sentir.

-  De lo que pasó entre nosotros. Supongo que Miriam no sabe nada y no debería de ser así. ¿No crees? - jugueteó con sus pies.

- ¿Qué quieres?

- O se lo cuento yo o se lo cuentas tú - alzó ambas cejas sonriendo malíficamente. 

- ¿Perdona? Ni siquiera estábamos juntos - respondí riendo falsamente.

- Lo sé pero a ella eso le dará igual. Será una infidelidad igual.

 - Haz lo que quieras Melanie. Me tienes harto. Supérame ya anda - dije cogiendo mis cosas y accediendo a la salida. No podía escuchar esa vocecita de rata durante más tiempo. ¿Por qué de rata? No lo sé. Es lo que se me vino a la mente.

 - Ya te arrepentirás Derek, ya lo verás - respondió levantándose de su lugar y accediendo a la salida antes que yo - Lo hago por tu bien - me dió un beso en la mejilla y desapareció de mi vista.

Me pasé una mano por la mejilla intentando que su saliva desapareciera de mi piel. 

Puse una cara de completo horror y cerré el concesionario dándole vueltas a las palabras de Melanie. La creía capaz pero de verdad, no sabía que reacción tendría Miriam. 

¿La creería? 

¿Le daría igual?

¿Me mandaría a la mierda?

Ni puta idea y tampoco quiero saberlo. Lo que sé, es que no pienso decirle nada. Ahora estamos bien y no pienso dejar que Melanie lo arruine todo. Pues claro que no.

 

 

 

 Narra Carlos: 

 

Estábamos en un pub privado alquilado por los chicos. Celebrando lo bien que nos estaba llendo la gira. Mañana nos íbamos a México y habíamos invitado a Pris y a Miriam para que lo celebrasen con nosotros y así la parejita se despedía. Estarían dos meses sin verse y quieras que no se notan muchísimo.

Llegó Pris y Álvaro y se sirvieron unas copas en la barra.

- Vaya, es un buen bajo para celebrar fiestas, quedaos con el número para alquilarlo más veces - victorió Álvaro dando un rodeo a la zona y luego poniendo su brazo en mi hombro. 

Hice una mueca, últimamente odiaba más que nadie el contacto físico. Me incomodaba notablemente pero no decía nada para que no me tomasen por bicho raro o sacasen el tema de Jessica.

- Pues sí, amor. Aún os sirve hasta para ensayar. 

- No creo que me concentrase aquí y menos contigo mirándome - me soltó y suspiré hondo. Menos mal, mientras le comía la boca a Pris, llegaron Dani y David. Blas y yo fuimos los primeros en llegar para comprobar la zona y pagar al señor del local.

- Hola babes y bebitos, si lo digo por ti Carlos no me mires así - gritó David nada más entrar por la puerta.

- Oye, el más peque soy yo - sonrió Dani mientras David acariciaba su pelo de pollo.

- Seh, pero después viene él.

- ¿Y Miriam? - preguntó Pris mirando a los alrededores.

- Llegará en nada, le estaba haciendo de comer a su hermano - dijo Dani apartando la vista de su celular.

- Bueno, vamos a poner musiquita guapa - soltó Blas frotándose las manos con cara de malicia. Le gustaba siempre ser el DJ de la fiesta y ninguno protestaba pues las canciones que ponía nos gustaban a todos.

Comenzó a sonar reggaeton y encendieron la bola de discoteca que colgaba del techo junto a las luces de colores que iluminaban el lugar. Todas las luces comenzaron a dar vueltas a los alrededores, si seguía mirando seguramente me marearía. 

 


Fui a la barra por una copa de Ginebra sola. No me gustaba mezclar el alcohol. Me gustaba el sabor puro, por ello, siempre era el primero en estar borracho como una cuba.

 Todos se rellenaron las copas. Escuchamos pasos a lo lejos, seguramente sería Miriam. Vimos a una chica entrar, pero cuando se acercó más comprobamos que no era nuestra amiga. Si no una chica con el pelo rosa corto y los ojos verdes. Llevaba un moño despeinado con un pañuelo alrededor del peinado e iba muy finamente maquillada con un vestido que combinaba con su cabello y destacaban sus zapatos fluorescentes debido a las luces del lugar.

 

Se nos quedó mirando extrañada y la mayoría de los presentes nos quedamos mirándola con atención.

- Que poca gente - susurró mirando a los alrededores.

- ¿Quién eres? - dijo Blas acercándose con la copa en la mano.

- ¿Eres el portero? Normalmente están en la entrada - sonrió. Dios, tenía una sonrisa increíble. Sus dientes eran súper blancos e iluminaban su rostro.

- Esto es una fiesta privada - le respondió con los ojos en blanco.

- Upps, es que vi las luces a lo lejos y la puerta abierta. Lo siento, pensé que era un pub normal y corriente - se volteó para irse. Pero justo, mi boca se fue de la lengua. Y de verdad, que no sé porqué lo dije.

- Puedes quedarte, hay sitio de sobra.

Todos se me quedaron mirando con cara de idiotas. Sí, lo siento. No había consultado pero mi boca piensa más rápido que mi mente y así me va. 

La chica se me quedó mirando y asintió con una sonrisa. Dejó las cosas en el perchero y por fin pude ver su vestido a la perfección.

- Eres un capullo - dijo David acercándose a mi y arruinándome las vistas - Era solo con los amigos y vas e invitas a una completa desconocida. ¿Qué cojones te pasa?

Y se alejó. Reí y fui a donde la chica sin nombre.

- ¿Qué tal? ¿Te sirvo una copa?

- Claro, emm... - dijo pensativa.

- Carlos, un placer.

- Betsy - dijo dándome la mano. Se la acepté y nos acercamos ambos a la barra - Me suena muchísimo tu cara - intervino con una sonrisa de oreja a oreja.

- A lo mejor nos conocimos en otra vida.

- ¿Crees en eso? 

- Quien sabe - sonrió nada más contestarle.

- ¿Intentas hacerte el interesante?

- ¿Tú que crees? No me hace falta hacerme el interesante, lo soy - dije mientras cogía una botella de Martini - ¿Te gusta? - dije señalándole la botella.

- Claro, chico interesante - sonreí mientras echaba el contenido en dos copas. Le entregué una y nuestras manos se rozaron - Nos vemos a lo largo de la noche - se despidió guiñándome un ojo.

Me quedé mirándola mientras bailaba. Se veía tan preciosa moviendo sus caderas al ritmo de la música. Y ese vestido parecía que lo habían hecho a medida para ella. Le quedaba estupendo no, lo siguiente.

Álvaro se me acercó.

- ¿Qué tal? Veo que no paras de mirar a la acoplada. Ya sé porqué le dejaste pasar - sus cejas se menearon con insinuación.

- Sois tan pesados - respondí volteando los ojos.

- No te juzgo chico, está buena. No tanto como Pris pero...

- ¿Por qué no estás con ella? No os veréis en dos meses - juzgué para que me dejase en paz.

- Está en el baño. No soy un acosador - se rió de mí y ambos contemplamos a la chica.

En ese momento, centró su atención en mí mientras bailaba sensualmente. Se relamió los labios sonriente y su cabello desordenado le caía en cascada por su rostro.

- Te está llamando con la mirada, ve - dijo Álvaro guiñándome un ojo.

Reí, mira que son. Pero le hice caso y me acerqué a ella.




Comenzamos a bailar en la pista, me cogió por el cuello y yo la agarré de la cintura y seguimos el ritmo de la canción. Blas nos puso una más lenta.

Aproveché para hundir mi rostro en su cuello. Me di cuenta que ella al llevar tacones alcanzaba mi altura. No nos hizo falta decir nada. Nuestros pasos lo decían todo y nuestros gestos también.

- Hacía frío afuera. Ahora ya no - susurró ella en mi oído.

- Me pregunto porqué será - sonreí maliciosamente. A lo que ella, me agarró del rostro y me besó fugazmente. Le seguí el beso y me sorprendió lo increíblemente bien que sabía besar. Sus labios eran carnosos y suaves y encajaban perfectamente con los míos.

Seguimos bailando como si no pasase nada y espero que los presentes no se dieran cuenta de ese pequeño detalle.




Narra Pris:

  

- Bailemos que la noche aún es joven, salgamos a la pista y desmelenémonos, bebamos hasta cogernos un pedo, dancemos hasta que nos mareemos, riamos hasta perder el norte, fumemos hasta ver todo violeta - llegó Álvaro cantando a mi lado.

Le miré de arriba a abajo. Con la mirada recorrí su cuerpo, pude apreciar su chaqueta negra de traje y un "bulto" más abajo que me sonreía. Me reí como una tonta. 

Lo besé apresuradamente en un intento de desviar su atención de mi atontamiento. No creo que se percatara, pues llevaba dos cubatas en el cuerpo y tenía el tercero en la mano.

Me siguió el beso y yo le robé el vaso. Le di un buen trago y él se me quedó mirando petrificado, aún con la boca abierta del sorbo que estaba pensando darle.

¿Qué estaría rondando por su mente? ¿Algo acerca de la noche anterior? ¿O de la noche que estábamos a punto de presenciar?

Y presencié su mano sobre mis posaderas. Me agarró la nalga con su particular "bulto" de seducción.

No pude resistirme a bajar mis manos por su pecho semidesnudo, pero no por mucho tiempo. El alcohol empezaba a subirme y su pecho a descubrirse.

¿Lanzarme directamente a su particular seducción o voltearme y dejar que él marque el ritmo de este baile?

Eran las dos posibilidades que los dos hielos del cubata me planteaban.

Le di un trago largo y me aclaré. Me lancé a sus labios sin darle más vueltas. 

Entrometí mis manos en su paquete. Se retorció de placer. Me miró con ojos centellantes y el vaso resbaló de sus manos. Este golpeó el suelo rompiéndose en mil pedazos pero a nadie le importaba.

- Rompimos el hielo - exclamé aún a milímetros de su boca.

Y no respondió, al menos no con palabras.

Me apretó las nalgas decidido, pegándome más a su palpable erección. Pues seguía con las manos en sus huevos. Era mío y él lo sabía, le gustaba.

- Vámonos de aquí - susurró sensualmente al lado de mi oído. Solo asentí y le cogí la mano. Estaba sonrojada, no sé si por los efectos del licor o porque por mi cabeza, solo pasaba la idea de echarle el polvo de su vida.


 

No sé cuantos pasos dimos pero ya tenía su rabo entre mis labios.

Con una mano, él sujetaba mi cubata y con la otra, mi coleta. Le follé la polla con la boca.

Acaricié su miembro, era largo y curvado. Aún no estaba completamente erecto pero me encantaba. Lo saboreé como si fuera un Chupa Chups y jugué con mi caramelo. Lo agarré del palo de gol como la noche anterior, lo relamí como sabía hacerlo y me lo comí como si me fuera la vida en ello. Tomé una bocanada de aire y otra de su pene. 

- Chupa, mala zorra - dijo totalmente ido y disléxico tras el alcohol. Lo notaba subir por sus venas. Las exprimía una y otra vez. Quería dejarlo sin sangre. 

De repente, me jaló fuertemente del pelo haciéndome mirarle a los ojos.

- Te voy a follar duro - murmuró entre jadeos. 

Y me bajó las bragas mientras me apoyaba en las paredes de aquel baño cutre de un pub de Barcelona. 

Se introdujo en mi interior brutalmente y sin miramientos. Subió sus manos por todo mi torso, se entrometió bajó mi top y acarició mis senos. Se pusieron duros bajo sus palmas y jadeé mientras todo mi vello se electrizaba por momentos. Los apretó con fuerza al ritmo de sus embestidas. Me mojé de placer. Al poco tiempo, no pude aguantar más, subió la intensidad y me corrí junto a él. Ambos gritamos en un orgasmo explosivo mientras su pene eclosionaba en mi vagina. Pude sentirlo.


Estuvimos un tiempo en la misma posición, sin fuerzas, él seguía con el cubata en la mano. Dio un sorbo mientras salía de mi interior. Entonces se quedó paralizado, me volteé bajándome el vestido.

- ¿Qué ocurre?

- El condón...

Y nos miramos horrorizados durante unos instantes eternos. Hasta que ambos nos sumimos en risas producidas por el licor.





Narra Miriam:


Iba por el quinto cubata de Ron Miel, me lo había traído Coque de Cuba y aproveché para llevarlo a la fiesta. Aquí no estaba en venta aún. 

Dani se me acercó con una copa de piña colada entre las manos. Casi sin alcohol. Fue imposible no echarme a reír.

- ¿Qué ocurre? - preguntó poniendo morritos al ver que no podía parar.

- ¿Eso es un cubata? Dani que estamos de fiesta - exclamé llamando la atención de David, que estaba casi a nuestro lado.

- ¿Qué tiene de malo? No soy mucho de beber, Miriam. Soy un chico sano.

Se encogió de hombros y David se le asomó por su derecha apoyando su brazo en él. En la otra mano sujetaba la colilla de un cigarrillo que aún seguía sujetando. De lo bebido que estaba ni se había dado cuenta.


- ¿Habéis contemplado a Carlos? No pierde el tiempo con tonterías - miramos ambos en su dirección, la cual señalaba con los ojos.

- ¡Madre mía! Se están comiendo los morros - bramó Dani sorprendido mientras torcía la cabeza a los lados con cara de asco. Qué chico más inocente.

- Pensé que seguía con Jessy - exclamé yo detrás extrañada. 

No me extrañaba para nada que esos dos rompieran, lo que me extrañaba era que Carlos la olvidase tan pronto. 

Quería hablar con él pero me di cuenta que estaba sumida bajo los efectos del alcohol y que mi mente no razonaba suficientemente coherente. 

 



- ¿Y tú qué David? ¿Alguna churri por tus tierras? - alcé ambas cejas sugerente.

- Ya sabes, vienen y van pero ninguna a la que le haya echado el ojo. El otro día, fuimos de fiesta con Álv y tu amiga Pris, me ayudó un poco en la forma de conquistar a una mujer pero que va tia, olvídate. No entiendo la feminidad.

Estallé en risas y Dani también nos miramos y zarandeamos la cabeza. Estos chicos están totalmente tarados. Es decir, cada uno es diferente y especial a su manera.

- Tienes que venir de fiesta con nosotras y te presentamos a unas amigas que no son para nada raras o algo por el estilo.

Se me empezó a trabar la lengua. Mierda, estaba empezando a decir cosas sin sentido. 

¿Presentarle a mis amigas a mi colega famoso de una boyband?

¡Qué locura!

- No te preocupes, estoy bien solo la verdad. A mis 26 añazos aún me queda tiempo para disfrutar de mi soltería - dijo meneando su cabello de un lado a otro.

- Eso es verdad, este chico nunca tuvo novia, bueno en preescolar - contó Dani haciendo memoria. Pues era el único cuerdo de la noche.

- Algo es algo, ya le vendrá la chica de sus sueños.

Y cuando nos dimos cuenta, David ya no estaba, se fue a molestar a Carlos y a la chica desconocida.

Desde que llegué, pregunté su nombre a los presentes pero ninguno lo sabía y no quería interrumpir a Carlos. Se veía extremadamente ocupado.

- Bueno chica, ¿qué es de tu vida?

- Poco hay que contar, la verdad - sonreí dándole un sorbo a mi copa. Sí, si que había.

- ¿Qué tal las clases?

- Bien, el miércoles tengo una reunión con el director y a ver qué me dice, estoy algo nerviosa.

- Uh, con el dire. Seguro que es algo bueno, no te preocupes - me consoló pasándome una mano por la espalda.

- Eso espero - le sonreí ofreciéndole un trago de mi cubata cargado - No hay huevos a bebértelo todo de un trago.

Le reté y él cogió el vaso en las manos observando el contenido.

- ¿Qué es?

- No lo recuerdo - sonreí de nuevo poniéndome colorada por la calor.

- Mmm... Lo intentaré.

Y lo bebió todo de un trago. Retar a un chico siempre funciona la verdad, no quieren que los vean como gallinas.

Entonces, empezó a sonar música más movida y saqué a Dani a bailar a la pista. Y como no, al principio, estaba algo ido y teniendo hipo pero después se le pasó y sus ojos brillaban. Estaba muy ido, le hablaba y me preguntaba continuamente que le había dicho. Yo solo podía reírme, porque estaba como él o peor. 

Entonces, sonó "Flannel" de Lil Peep y el ambiente se relantizó. Bailamos agarrados porque si dabamos más vueltas acabaríamos mareados como patos y a lo mejor en el suelo.

Blas se quitó la camiseta y comenzó a cantar la canción en inglés. Al estar como una cuba, su inglés era horrible e inentendible. Intentó colgarse de la bola de discoteca en vano y cayéndose. Todos nos reímos y contemplamos la imagen dejando de bailar.

- Está loquísimo - susurró Dani a mi oído entre risas e hipo.




- Y que lo digas - respondí mientras Dani me rodeaba la cintura con las manos - ¿Cómo te encuentras?

- Bueno... Enamorado - dijo mirándome fijamente a los ojos mientras perdía el ritmo de la canción.

- ¿Qué? - mencioné sin poder comprender nada.

- Llevo enamorado de ti durante mucho tiempo. Desde que te conocí.

Me quedé atónica, Dani debía de estar bromeando conmigo.

¿Cómo le podía atraer? Si sabía perfectamente que estaba con Derek. ¿Por qué ahora? ¿Por qué se confesaba? No entendía nada. Me aparté de él mientras intentaba retroceder lentamente. Él intentó que no me escapase de su lado pero ya era tarde, había tomado la decisión y quería marcharme cuanto antes de allí.

Me alejé de todos y dejé a Pris con la palabra en la boca. Ni siquiera escuché lo que intentaba decirme. Estaba demasiado confusa para darme de cuenta de lo que ocurría a mi alrededor.  Mi mente no paraba de hacerse la misma pregunta una y otra vez. ¿Por qué me pasaban a mi siempre estas cosas tan random?

No sabía que hacer, no me apetecía irme a casa y pasarme la noche pensando en lo ocurrido. El alcohol bajó precipitadamente de mi organismo al escuchar a Dani y no quería emborracharme para no pensar. Mañana tenía la entrevista con el jefe, decidí acercarme al piso de Derek y contarle lo ocurrido o que simplemente me diera todos los mimos del universo. Los necesitaba, le necesitaba más bien. 

Fui andando, dado que el pub se encontraba a unas manzanas de su edificio. Vivíamos en una zona bastante céntrica a mi favor. 

Cuando estaba cruzando, el único puente que comunicaba ambos lugares, comenzó a llover de forma brusca. No tenía con qué resguardarme, pues me había olvidado la chaqueta en la fiesta.

Maldecí a todos los dioses del budismo y me apresuré hasta que al fin llegué. Imagínate mi sorpresa al ver una sombra de traje intentando abrir la puerta del edificio. Me asusté pero cuando este se volteó, ví que era mi Derek. Corrí a sus brazos para abrazarle, pues necesitaba hundir mi rostro en su pecho y no abrir los ojos hasta la mañana siguiente. Me separé un poco para besarle con firmeza y saboreé cada uno de sus paladares. Lo sé, solo tiene uno pero sabía a mil cosas diferentes.




Pero él me apartó cogiéndome de los hombros al poco rato. Le miré extrañada. 

- ¿Qué ocurre? ¿Te pasó algo? - aguardé una respuesta mientras él me tendía su chaqueta por los hombros para que el frío no me cogiera.

- Tenemos que hablar, Miriam- dijo frotándose la cabellera con nerviosismo. 

Me quedé en shock, asombrada. 

Cuando alguien decía esa frase, algo iba mal...

 

 

 































 

 

 

lunes, 10 de agosto de 2020

(T3) CAPÍTULO 57: CAMBIA DE DIRECCIÓN


Narra Derek:
 

Supongo que lo habíamos arreglado, ¿no?
La invité a casa a tomarnos una copa mientras continuábamos hablando de Dylan y su adopción. Ahora casi imposible por Miriam y su impulsividad. Ambas habían cometido un secuestro.
Tomó la copa de Vodka en sus manos, sabía que era su favorito. Por eso compré la botella más cara del establecimiento para cuando ella viniese de visita o tuviésemos que celebrar algo.

- Debo contarte algo, Derek. No le di mucha importancia en el momento y pensaba rechazarlo pero seguro que si lo comento con Dani me llamara loca por ello - comentó mientras se sentaba en la isla de la cocina y jugaba con sus pies descalzos. Sí, no tenía vergüenza, la había perdido hace mucho.

- Dime.

- En la academia me han ofrecido una Beca en el extranjero para formarme como cantautora. Serían dos años intensos, me abonarían hasta la residencia.

- ¿En dónde? A lo mejor no está tan lejos - dije dándole un sorbo pequeño a mi copa. Yo había rechazado la oportunidad de mi vida por ella espero que eso lo tuviese en cuenta a la hora de decidir. Era mi sueño, como este el de ella.

- California, el Estado del triunfo. En realidad sería HOLLYWOOD - dijo pensativa - Bueno, esa es la de los actores, ni idea.

- ¿Qué piensas hacer?

Pegó un saltito bajándose y se acercó a mí. Mientras se acercaba, me iba alejando más y más hasta que quedé a unos palmos de la nevera. Me mordí el labio y puso ambos brazos a mis costados.

- ¿Qué quieres que haga? - soltó una sonrisita sensual y me lamí el labio inferior.

- ¿No querías irte por Dylan o por mí?

- ¿Por qué piensas que es por alguien?

- Es tu sueño, ¿por qué rechazarlo?

- Llevo toda mi vida aquí, es difícil abandonarlo sin más y además con mi hermano desaparecido. No puedo irme sin avisarle y no coge las llamadas - se cruzó de brazos preocupada.

- Estará donde iban a ir de luna de miel, ¿no?

- Eso es lo que todos suponemos pero no sé. Es demasiado obvio.

- Por eso fue. Porque era obvio y nadie pensaría que se marchó allí - le cogí de los brazos con una sonrisa. Ella puso los ojos en blanco pero se dejó abrazar.

- Haz como quieras, yo te estaré esperando siempre. Ya lo sabes - le sonreí mientras ella acortaba la distancia y depositaba un beso en la comisura de mis labios. Lo intensifiqué cuando tuve oportunidad.

La cogí en brazos hasta la isla de la cocina de nuevo. Senté su trasero allí tirando la copa de Vodka sin querer. Ella hizo un suspiro largo mientras apoyaba sus manos por detrás de su cadera.

Seguí besándola mientras desabotonaba su camisa. Botón por botón con lentitud y ella parecía perder la paciencia. Me cogió del cuello con pasión y se arrancó el último botón como una fiera desprendiéndose de la prenda.
Sonreí de lado mientras me habría paso entre sus pechos. Los agarré con fuerza y los rodeé llegando al cierre. Le arrebaté el sujetador jalándolo al suelo y entrometiendo mi rostro en sus pechos. Era un paraíso volver a estar en mi hogar.

Se abrió de piernas, pude comtemplar su ropa interior. Entrometí mis manos, estaba empapada.

- Vaya, no quiero que cojas un catarro. Debo deshacerme de ellas - dije sensualmente mientras ella me observaba con ojos brillantes.

Sus bragas resbalaron por sus piernas hasta caer al lado de su sostén.
Mis dedos fueron a parar en el interior de su sexo. Me cogió por la cintura y me quitó la camiseta con una mano. Comenzó a acariciarme los abdominales y a dar besos cortos dejando un rastro. Silencié sus gemidos a base de besos mientras ella me apretaba el trasero con fuerza.

Llegó el momento, antes de que llegase al éxtasis, retiré los dedos y me bajé los pantalones junto al calzón. Miriam sonrió al ver mi erección. Se tomó un momento para desgustarla y acariciarla, le gustaba verme sufrir. Le jalé del cabello haciendo que se inclinara hacia atrás. Tenía su sexo solo para mí y en la posición perfecta. Me entrometí rápido en su interior. Ella gimió mientras se acercaba más a mí. Enrolló sus piernas alrededor de mi trasero y se inclinó para atrás para poder llegarle a su punto.
La embestí una y otra vez, saboreando sus pechos y ella tirándome del pelo del placer e intentando aguantar sus gemidos.

Nos fuimos ambos a la vez. Nos quedamos jadeando en completo silencio mientras seguíamos en la misma postura completamente desnudos. Acaricié su mejilla derecha mientras ella cerraba los ojos y ponía su mano encima de la mía.

- He vuelto a casa.

Me dió un suave manotazo y sonrío.

- Te echaba de menos, señor Karev.

- Yo también, señorita Fernández.

Deposité un beso en la comisura de sus labios. Nos pasamos el rato hablando mientras terminábamos nuestras copas. Luego nos vestimos y nos despedimos, pues en menos de dos horas empezaba nuestro turno de trabajo y debíamos estar presentes. Yo ya me había escaqueado por la mañana por culpa de esta chica. Perdón, mi chica.
De nuevo.
Que bien suena.





















Narra Jessy:



No podía creer lo que estaban viendo mis ojos. ¿De verás estaba en frente de mí?

- Hola - zarandeó ambas manos por delante de mi rostro pero de verás que estaba en shock. Alcé ambas manos y las puse sobre su pecho. Era real madre mía que locura. ¡Había vuelto!

Le abracé mientras se me mojaban los ojos. Esto es genial. Llevaba dos meses casi añorando sus jodidos brazos y su perfume. Me encantaba como olía siempre. Hoy olía a puros cubanos. Se notaba que había estado probando cosas de la zona y no lo culpaba. Miré sus manos, sin alianza. Quise preguntar pero me venían mil preguntas a la cabeza, todas disparadas y enroladas.

- Me vas a dejar sin aire, Jess. Prefiero que me dejes sin respiración de otra forma - dijo guiñándome un ojo, ¡pero bueno!
Mis mejillas se tiñeron de un rojo fuerte. ¿Cómo me dice estas cosas después de 2 meses y con esa carita tan increíblemente sexy?

- Seguro que ya lo hizo alguna cubana - dije con una sonrisa de lado.

- Alguna hubo pero no fui capaz de llegar a algo más que besos. Y eso que dicen que son muy abiertas pero ya ves - me respondió dejando las maletas en el suelo y sacando un puro del bolsillo de la camisa hawaiiana. ¡Ah y por cierto! Me olvidaba de su flow con las gafas de sol. No se las había quitado desde que había llegado.

- ¿Vamos a hablar al jardín? Supongo que tendrás preguntas y yo también.

- Me parece bien.

Nada más llegar a la piscina, encendió su puro y se sentó en una de las hamacas mientras comprobaba que seguía allí una botella que había escondido debajo de la misma. ¡Pero este chico!

- ¿Qué tal por aquí? ¿Mi hermana sigue cuerda o ya está ida y sin rumbo?

- ¿Por qué lo dices?

- Sabemos lo dependiente que es Miriam de las personas - dijo metiendo el puro en la boca y abriendo la botella con la otra mano.

Me senté en la hamaca continua y miles de recuerdos se pasaron por mi mente. Este jardín tenía mucho de Cossy. ¡No, no me he inventado un nombre como pareja porque no lo somos! Es para acortar, ¿vale?

- Ayer estuvo en comisaría, bueno más bien hoy por secuestrar a un niño y ahora está con su novio. Lleva ya un buen rato afuera.

- Más tiempo para ponernos al día, ¿no? - sonrió llevándose la mano a su cabello recién teñido de moreno. Dios mío, Coque moreno. En mi vida, pensé que esto ocurriría un día. Si que le debió de tocar lo de Érica.
 
 

- ¿Cómo lo llevas? - pregunté inocentemente esperando una no mala respuesta.

- ¿La soltería o que mi esposa tenga un hijo con un viejo amigo? - dijo bebiendo un trago directamente de la botella. Ni idea de que era, ya estaba mezclado.

- Dímelo tú.

- Oh Jess, eres igual de inocente que siempre o eso es lo que quieres aparentar. Acércate, no muerdo, o tal vez sí - su sonrisa iluminó todo su rostro y se hizo a un lado. Me levanté y me tumbé a su lado.

- La primera vez que me haces caso. Increíble, si que debías echarme de menos.

Me moví hacia todos lados, no cogía en el pequeño espacio que Coque había dejado para mí.
Así que terminé con medio cuerpo sobre él mientras me ofrecía bebida y me lo echaba en la boca a bastante distancia. Una icónica imagen que a saber que pensaría la persona que nos viera así.

Me subí un poco para estar a su altura.

- Cuéntame tu experiencia en Cuba.

- Tenías que haber aceptado mi invitación, Jess. Fue genial.

Y me callé porque sería demasiado ridículo decirle que fui al aeropuerto dispuesta a acompañarle y llegué tarde por unos míseros minutos. Estúpida totalmente.

Jugué con sus gafas hasta que terminé quitándoselas y poniéndolas sobre mi cabello. Luego apoyé mis manos en su pecho y apoyé mi mentón en los brazos mirándole fijamente. Sus ojos azules me miraban con curiosidad.

- Sigues igual de guapa - dijo acariciando mi mejilla con ternura - Te eché de menos pequeña Jess.
Y nada más terminar la frase, sacó la mitad de su colgante de su bolsillo y me lo mostró.

- Me protegió todo el viaje.

- Serás imbécil, eso es precioso - golpeé su brazo y fui a su rostro pero me agarró ambas manos haciendo que me precipitase sobre sus labios. A apenas unos centímetros de ellos, nuestras miradas ardían y mis ojos dejaron de pestañear descontroladamente como solían hacer cuando estaba muy nerviosa. Como ahora.

- Un imbécil, ¿tú crees?

Su aliento olía a puro y Ginebra. Una mezcla extraña.

Y sin más me cogió de la cintura y esta vez, era yo la que estaba abajo de su cuerpo. Notando sus jodidos abdominales tras la suave tela de su camisa y mi top. Su respiración sobre mi cuello me desconcentró de mis pensamientos.

Y agarré su rostro con fuerza atrayéndolo a mis labios.
Un intenso beso nos rodeó a ambos. Mis manos fueron a parar a su súper sexy ahora cabello teñido. Sus manos seguían rodeándome la cintura con fuerza y no quería que me soltase jamás. Intensificó nuestro beso uniendo su lengua al festival de sabores. Me acarició la espalda mientras tiraba de los mechones de su pelo.

- Tú hueles a hogar, Jess - dijo a palmos de mi oído mientras una linda sonrisa iluminaba su rostro. Hundió su rostro en mi cabello abrazándome con fuerza.

- Te quiero tanto joder - solté de repente siguiéndole el abrazo sin ni siquiera pensarlo. Pero ya era tarde, me había escuchado y había respondido agarrándome más fuertemente.

¿Eso que significaba?






Narra Coque:




Abrí los ojos, nos habíamos quedado ambos dormidos. Contemplé el rostro cansado de Jessy sobre mi pecho. Era tan adorable que no quería despertarla.

De repente, se escuchó un ruido en el interior de la casa. Me erguí con delicadeza para no despertarla y la tapé con una toalla para que no tuviese frío. Después de darle un beso en la frente, entré en la casa. 
 
Nada más entrar en la cocina vi una sombra y chillé como si me fuese la vida en ello.

- ¿Jessy? Eres una puta cabrona pero te quiero de verás. Siempre acabas mejorando las cosas.

Era una voz conocida. Encendí la luz y vi a Miriam que me miró con la boca abierta durante unos largos minutos.
 
- ¿No dices nada hermanita?

- Gritas como una chica -  sonrió y vino corriendo a abrazarme con una sonrisa de oreja a oreja.

- Te echaba de menos. Sobre todo esa locura tuya de estar a las doce de la madrugada en la cocina con las luces apagadas. ¿Qué querías asustar a Jessy?

- Quería sorprenderla y reprenderla por lo que hizo.

- ¿Y qué hizo? - dije separándome de su agarre.

- Llamar a Derek y decirle que estaba en comisaría - hizo una mueca colocando las manos detrás de su cuerpo.

- ¿Qué se supone que hiciste? - dije poniendo la palma de la mano sobre la frente y zarandeando la cabeza. No sería Miriam si no se metiese en líos.

- Raptar a un niño por unas horas.

- ¡Joder, Miriam! Ahí te pasaste que no veas.

- Si no fuera por Derek no salía de allí - susurró jugando con los dedos de sus manos.

- Podía haberte dejado allí para que aprendieses.

- Oye - recibí un codazo de su parte y se rió - Si me lo merecía pero bueno tampoco tanto. Me pasé una noche encerrada.

- ¿Lo pasaste bien? - dije burlón mientras me quitaba las gafas de sol de la cabeza y me planchaba la camisa.

- Eres...
 
Pero Jessy la interrumpió entrando en la cocina mientras se frotaba los ojos de cansancio.
 
- Me levanté y ya no estabas, pensé que te habías vuelto a ir - dijo entre bostezos con una vocecilla de niña pequeña.

Miriam la observó durante unos segundos y luego a mí.

- ¿Cuánto hace que llegaste y sin avisar? - levantó una ceja interrogadora.

Jessy pegó un saltito al darse cuenta que había llegado Miriam. Menos mal que no dijo nada embarazoso que nos compremetiese o nos delatase. Menos mal joder. 

- Media hora, estuve poniéndome al día con Jessy pero se quedó dormida del cansancio.

Jess sonrió asintiendo. 

- Ya podías avisar. Bueno, me voy a la cama estoy cansada. No dormí nada ayer en el calabozo.

- Normal chica. Yo me quedaré a cenar algo y después iré también. El viaje fue largo.

- Buenas noches putos - dijo dándome un beso en la mejilla. Jess se despidió con la mano y Miriam desapareció escaleras arriba.

Miré a Jess detenidamente apoyado en la mesa de la cocina. Ella se volteó al rato y buscó una taza de café poniéndose de puntillas. Me coloqué detrás de ella y la cogí por la cintura apoyando mi mentón en su hombro. A ella le tembló todo el cuerpo. 

- ¿Qué pasa, Jess? - dije pegado a su oído mientras subía las manos por su cuerpo. 

- Que es peligroso. Miriam puede bajar en cualquier momento - susurró volteándose mientras se mordía el labio. Acaricié su mejilla y ella embozó una pequeña sonrisa.

- Dijiste que me querías Jessy, ¿sabes que significa eso? - cambié mi tono de voz por uno de sorpresa y apoyé mi frente en la suya.

- Eres idiota, y no, no sé que significa - dijo mirando fijamente mis labios. 

- Que es mutuo - sonreí y ella también. Sus ojos brillaban y acorté la distancia que nos separaba. Enrolló sus manos en mi cabello mientras la cogía del trasero y la sentaba encima de la encimera de la cocina. Me cogió con las piernas riendo para que me acercase más y pasé mis manos por sus mejillas para intensificar el beso. Nuestras lenguas se rozaban y sentía el sabor de su boca cada vez más.
Como había deseado esto. Ahora por fin lo tenía y en mis manos. Ya no había otras ataduras. Éramos ella y yo y una increíble atracción entre ambos. La quería tanto y no pude liarme con nadie en Cuba. En eso le había mentido para que no pensara que era un calzonazos o que era por lo de Érica, que no podía porque la quería cuando no es así ni de coña. Érica se puede ir a tomar mucho por culo. 

La quería desde que la conocí, me llamó muchísimo la atención y supe que era la chica que siempre deseé pero estaba Érica de por medio y no quería estropear nuestra relación. Fallo mío totalmente. 
Cuando decidimos casarnos fue por el bebé, no por ella y menos mal que ocurrió todo esto si no me casaría con una mujer que no quería realmente y babearía por Jess el resto de mis días. Verla con Carlos fue muy duro para mí pero sabía que lo dejarían después de besarnos el día de la boda. Vi a Jess muy convencida de lo que sentía por mí por eso le dije que viniese conmigo a Cuba y charlar sobre lo que ambos sentíamos y nuestro futuro. Pero no quiso y lo entiendo, Miriam y demás circunstancias.
 
Además lo que pasó en el hospital, el tiroteo, nos unió mucho más. Después me apoyó muchísimo con la muerte de mi madre, ella lo entendía por lo que le pasó a su padre y a su abuelo.  

Dejamos de besarnos y ella me dió un abrazo.

- Bienvenido a casa chico - me guiñó el ojo con una sonrisa - Mañana tengo clase, te dejo.

Un beso cauto en mi mejilla hizo que mi noche fuera perfecta. Descansé genial y soñé con Jess y sus increíbles besos. 

Había vuelto a mi hogar.