jueves, 2 de junio de 2022

(T3) CAPÍTULO 60: YA PASÓ LA TEMPESTAD

 

Narra Jessy: 

 Bajé las escaleras aún haciendo un esfuerzo por recuperar la consciencia. Me froté los ojos y entré en la cocina acompañada de un fuerte e intenso bostezo.

 Cuando al fin era consciente de lo que sucedía al mi alrededor, vi a Coque en gallumbos tarareando una canción mientras hacía el desayuno. Ese era el motivo de que toda la casa oliera a tortitas. 


- Buenos días - le dije sonriendo mientras me sentaba a un lado de la encimera con las piernas colgando.

- Buenos días, Jess - murmuró volteándose hacia mí. Se apoyó en frente de mí, dejando sus brazos alrededor, impidíendome escabullirme. Se acercó cuidadosamente y depositó un beso tierno en mis labios.

Como si me fuese la vida en ello, lo enrollé con mis piernas y lo atraje más a mí. Le sujeté del cabello tirando un poco de el y respondí con otro beso intenso pero con lengua.


Se alejó unos centímetros para coger aire y me miró fijamente a los ojos con una sonrisa.

- Tengo algo que proponerte - dijo captando mi atención aunque ciertamente, ya la tenía - ¿Qué te parece un viaje a Irlanda? Es un país con mucha cultura y a muchos, muchos kilómetros de todo lo que nos rodea. No sé tú, pero tengo ganas de desconectar de todo.

- ¿Solos tú y yo? Además, acabas de volver de Cuba. Estuviste desaparecido sin dar señales de vida, meses. ¿Pretendes volver a irte y dejar a tu hermana sola de nuevo? - me sorprendí sermoneándole por su falta de empatía y su poco sentido de la responsabilidad.

- Mi hermana está encoñada del rarito de los coches. ¿Crees que le importa lo que haga y con quién? No conoces bien a mi hermana entonces - respondió entornando la mirada y obviando lo evidente.

- Ajá. Y digo yo, ¿no le parecerá raro ir nosotros dos solos?

- Jess - murmuró cogiéndome las manos con una sonrisa - Me da igual lo que piense, nos llevamos guay y estoy pasando por un mal momento. Tú acabas de romper con el rubito y también lo estás pasando mal. ¿Por qué no compartir nuestra mierda? - Me agarró de la mano poniéndome ojitos como un corderito enamorado.

- Yo no quiero solo compartir nuestra mierda. Si nos vamos juntos a Irlanda estarás dando comienzo a algo más serio...

- ¿Cómo algo más serio? No te pillo, Jess - respondió separándose unos centímetros para observarme mejor.

- A tener algo más... estable. Tú y yo. Me refiero a nosotros. A lo que tenemos o a lo que estamos estableciendo. Bueno, da igual - susurré en tono bajo mientras desviaba la mirada y notaba como mis mejillas cambiaban a un color más resultón.

- Oh Jess...-me cogió de la barbilla buscando mi mirada y acercándose a mis labios. Pude sentir su aliento en mi rostro. La piel se me puso de gallina - Ahora mismo no es que tenga muy claro que cojones quiero hacer con mi vida, lo que si sé claro es que he perdido muchas cosas y personas importantes para mí que finalmente, no merecían serlo. Lo único que tengo claro es que quiero pasar tiempo contigo. Quiero besarte, abrazarte, dormir a tu lado y reírnos juntos. Solo quiero desconectar de todo y disfrutar con alguien que si me aporte algo en mi vida. Y tú querida - dijo empujándome para atrás con su dedo índice - Eres la única persona con la que quiero hacer todo eso. 

- Eres horrible, Coque. Yo tampoco tengo muy claro que hacer - le confesé poniendo los ojos en blanco mientras le cogía de las manos.

- Entonces, déjate llevar y vente a la agencia de viajes conmigo. Pago yo.

- No, eso si que no - le corté de inmediato pensando en partirle el cuello con la mente. 

- ¿Por qué no aceptas un regalo? Eres tan testaruda - dijo mientras se acercaba con una sonrisa a mis labios. Comenzamos a comernos a besos mientras los dos sonreíamos como completos lerdos. O como lerdos enamorados.

Ojalá estuviera en la mente de Coque para averiguar que es lo que siente por mí. Es demasiado desconcertante no saberlo, a veces, es como si me amara y quisiera hacerme hijos. Otras, es como si le diera igual y simplemente, fuera otra florecita más en su camino. Tal vez, el viaje fuera la clave para aclarar nuestros sentimientos de una vez por todas. Tanto los de él como los míos.

De repente una voz nos distrajo de nuestros pensamientos.

- ¿Hola? ¿Qué cojones? ¿Desde cuando os liais y es más, desde cuando en mi puta cocina?

Ambos dejamos de besarnos y nos sorprendimos al ver a Miriam, mirándonos con cara de culo desde la puerta de la cocina acompañada de dos maletas que sujetaba con las manos, que pasados unos segundos depositó en el suelo. Vimos como se cruzaba de brazos furiosa mientras Coque y yo nos mirábamos sin saber que decir. 

- ¿Vais a explicarme que está pasando aquí? 

- Déjame a mí - me susurró Coque a lo bajo mientras se despegaba de mi lado y se acercaba a Miriam.

- Surgió hace unas semanas, no te dijimos nada porque tampoco es que sea algo... Serio - me miró de reojo sin saber muy bien que palabras utilizar para que no sonase mal o me hiciesen daño.

- Eres mi hermano - murmuró levantando el tono de voz- Luego, me miró a mi - Y tu mi mejor amiga. ¿Cómo se os ocurre? Sois las personas más importantes en mi vida y... ¿Os puto coméis la boca?

- Miriam, somos ambos adultos para saber que hacer. Gracias por preocuparte por nosotros pero somos perfectamente conscientes de lo que estamos haciendo. Yo estoy pasando un mal momento por lo de Érica y ella pues igual. ¿Qué más da?

- ¿Íbais a contármelo algún día? ¿O era la única forma de descubrirlo? - volvió a interrumpir a Coque con el mismo tono de voz pero mucho más cabreada.

- No creo que fuese una información muy relevante. Al menos, eso creo. Además, nunca estás en casa Miriam. Entre tu chico de los coches y la academia de música...

O no... Eso la va a hacer estallar... 

- ¿De qué vas? Estoy esforzándome por construír un futuro. Trabajo para el chico de los coches para pagarme la maldita academia y ser dueña de mi futuro. No me gustaría acabar como tú, dejando mis sueños de lado por miedo al fracaso y estudiando una carrera que no me llena lo suficiente. Casándome con una estúpida que tiene un hijo con un amigo mío y liándome con la mejor amiga de mi hermana para calmar el picor de polla. Lléndome, hasta el otro lado del continente porque no soporto mi vida y simplemente, evado los problemas como siempre. Hiciste lo mismo con la muerte de mamá. Simplemente, fue el funeral y comenzaste a currar al día siguiente. Te importó una mierda. Me veías llorar cada día y te la sudaba - gritó fuertemente dejando que toda la rabia que tenía dentro se fuese apresuradamente.

- Al menos, no me enrollo con un empresario que vende coches que me lleva casi el doble de mi edad y termino trabajando para él y queriendo adoptar un hijo con él. Mi vida es real no un maldito cuento de hadas como el tuyo. Te veo muy tranquila ahora porque todo te va bien, pero no siempre es así. Cuando todo se complique a ver como reaccionas. A ver como consigues recomponer el rompecabezas y levantar cabeza. Cuando tengas que enfrontarte a engaños, a desamores, a sueños frustados y a hijos que no son tuyos. 

- Chicos... Os estáis llendo por las ramas... Calmaros, por favor - murmuré yo con tono bajo viendo el panorama como si se tratase de una guerra de lobos. Constantemente, uno quería quedar encima del otro y se tiraban toda la mierda del mundo centrándose en los puntos débiles. Esta conversación parecía desbordarse por minutos. Era hora de detenerlo antes de que terminasen tirándose de los pelos. 

- Sois los dos tan estúpidos. Así no solucionaréis nada, solo arruinar vuestra amistad y la relación conmigo porque después de esto, no pienso miraros de la misma forma que antes. Eso tenedlo claro.

 - Nos quedo claro. Es culpa tuya eso. Nosotros somos libres de hacer lo que queramos. Si te molesta es tu problema - respondió Coque cruzando los brazos y haciendo gestos obscenos.

- Por cierto, ¿a dónde vas con esas maletas? - interrumpí para que no volviesen a discutir de nuevo.

- He cogido la beca al final. Me voy a California - dijo tan serena como si estuviera meditando desmasiado esa toma de decisión.

- ¿Cómo? ¿En qué momento...? ¿Te vas ya hoy? - dije sorprendida ante lo que acababa de escuchar.

- Me lo comentaron hace una semana, lo estuve cavilando y es una gran oportunidad. No puedo rechazarla y me decidí ayer.

- ¿Cuánto tiempo? - intervino Coque de la nada aún furioso ante la situación.

- Dos años en un principio.

- ¿Enserio? ¿Qué pasa con Dylan y Derek? ¿Irá contigo? - pregunté al ver que ella lo tenía demasiado decidido como para pensar en todo lo que dejaba aquí.

- Derek se queda y lo de Dylan... Lo intentaré de nuevo cuando vuelva. Ahora no es el momento.

- ¿Y se lo tomó bien? - volví a preguntar. Al menos así, no volvían a discutir.

- ¿Podemos dejar de hablar de esto? Tengo que irme al aeropuerto, el vuelo sale en dos horas y aún debo ir a despedirme de Dylan.

- Está bien, ¿te acompañamos? - preguntó Coque relajándose aún por los últimos minutos de discusión de antes.

- No, ya hicisteis suficiente hoy. Tendré pesadillas en el avión con tu lengua metida en la boca de Jessy, succionándole hasta el alma - volteó los ojos mientras soltaba una risilla inocente.

- En el fondo, estás contenta por nosotros - respondió Coque. Acercándose para abrazarla.

- Cuando vuelva espero que ya hayáis terminado con vuestras cochinadas - murmuró abrazando a Coque y depositando un beso en su mejilla.

- Quien sabe, a lo mejor, nos encuentras casados.

- Cállate - reí mientras Miriam venía hacia mí para abrazarme.

- Como le vuelvas a hacer daño te mato. Cuídalo, ¿sí? - dijo en voz baja en mi oído. Asentí depositando un beso en su mejilla.

- Me voy, os quiero. No hagáis muchas cochinadas en mi casa y aprended a cocinar, cerdos.

- También te queremos - respondió Coque mientras le ayudaba con las maletas.

Salimos todos fuera, le ayudamos a meter las maletas en el coche e intercambiamos miradas.

- Buen viaje hermana.

- Gracias - sonrió dedicándonos una última mirada con los ojos humedecidos.

Se metió en el coche y desapareció de nuestra vista en un par de segundos. Vimos el coche desaparecer en la primera salida. Nos abrazamos y volvimos a entrar en casa.

- Ni se te ocurra irte ahora, estoy más solito que un perro abandonado - dijo poniendo pucheros mientras me agarraba de la cintura.

- Nunca se me ocurriría dejarte - respondí abrazándole fuerte como una niña pequeña emocionada en la fiesta de su cumpleaños. Y era cierto, aunque quisiese, era imposible. No podía dejarle.




Narra Henry: 

Desperté con la luz del exterior. Me encontré a Lola sobre mi hombro izquierdo mirándome como si fuese lo más valioso para ella. No la entendía.

Me había dejado, abandonado... Ahora estaba en mi cama, diciéndome que me quería mientras me miraba fijamente sonrojada. Parecía la misma chica del principio. La tímida, sin experiencia en el amor, torpe y cariñosa. Aquella chica que me había robado el corazón desde el momento cero. 

Sus celos terminaron con todo pero tal vez, era el momento de volver a recomponer las cosas. Mejorar la situación y emprender un nuevo viaje. Una relación más sana y pura. ¿Quién sabe? Era el momento de tratar las cosas con ella y ver en que punto estábamos de la relación.

- Buenos días pequeña - bostecé mientras esperaba que me dejase levantarme.

- Buenos días - respondió apoyando su mentón en mi pecho y mirándome con firmeza.

- ¿Cómo dormiste?

- Hacía tiempo que no dormía tan bien - suspiró poniéndome ojitos como si intentase que dijese o hiciese algo que la sorprendiese.

- Mis puertas están siempre abiertas, ya lo sabes. ¿Comenzaste a trabajar o sigues de baja?

- Empiezo en un par de semanas - contestó acercándose más a mi rostro. 

- Me alegro mucho. Te veo mucho mejor. La última vez fue horrible la verdad. 

- Lo sé, siento todo lo que te dije. No iba enserio. Pero estaba dolida y perdida. Pensé que te haría daño - murmuró desviando la mirada y cambiando su expresión facial.

- ¿Daño? El único daño que me hiciste fue separarme de ti, pequeña - dije acariciando su mejilla. Sorprendentemente, ya no se apartaba de mí cada vez que intentaba acercarme a ella o simplemente, rozarla.

- Lo sé, por eso quería disculparme. Hiciste mucho por mí, Henry. Quiero recompensarte - me contestó quedando a centímetros de mis labios mientras me acariciaba el rostro con cariño.

- ¿Recompensarme? - pregunté sin saber de qué estaba hablando. Pero no me dejó decir ni una palabra más, se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme como si le fuera la vida en ello. 

Le rodeé la cintura con mis brazos mientras ella me agarraba los mofletes con sus manos pequeñitas. Me deshicé de amor jugueteando con su lengua, mordiendo sus finos labios. Era como volver a casa por Navidad. Mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido. Los sentimientos volvían a estar a flor de piel y no podía estar más feliz por recuperar a la chica que había iluminado mis días después del pozo en el que estaba perdido. 

- Te quiero, quiero entregarme a ti Henry. Es el momento - soltó sin más mientras comenzaba a desabotonarse los botones del pijama que le había prestado.

- ¿Qué haces? Ni de broma voy a consentir que tu forma de recompensarme, sea esta - dije poniéndome serio mientras ponía mi mano sobre la suya evitando que siguiese desvistiéndose.

- Lo hago porque quiero, no porque quiera recompensarte de esa manera.

Apartó mi mano y continuó hasta liberarse de la parte de arriba del pijama. 

- Para, por favor - murmuré intentando apartar la mirada de ella y su fantástico cuerpo.

Pero ella no quería parar, se puso a horcajadas sobre mi miembro y comenzó a moverse suavemente haciendo que mi amigo se pusiese duro apretándose sobre ella.

Dirigí la mirada a su rostro, jadeaba mientras mantenía la cabeza hacia atrás y se acicalaba el pelo al mismo tiempo. Puse la palma de la mano sobre uno de sus pechos aprentándolo con delicadeza. Me deshice rápidamente por debajo de su sujetador y apreté con fuerza. Se encorvó soltando un gemido. Reaccioné inclinándome hacia ella mientras jugaba al Rubik con el cierre de su sujetador. Al poco tiempo, conseguí deshacerme de el mientras le comía el cuello a besos. Bajé hasta sus pechos y los chupeteé hasta que ella se corriese de placer. 

Luego, me deshice de la parte de arriba de mi pijama. Ella comenzó a toquetear mis pectorales mientras yo seguía comiéndole el cuello furtivamente. Noté su corazón bajo la palma de mi mano. Latía a una fuerza sobre humana.

Bajó su mano hasta mi paquete, lo apretó con delicadeza a lo que yo respondí gimiendo en su oído. Y como si no le importase absolutamente nada de lo que ocurría a su alrededor, entrometió su mano dentro del pantalón de mi pijama y comenzó a pajearme a un ritmo constante que cada vez aumentaba más. Eso hizo que perdiera el control. Y como pidiéndole permiso para entrar en casa, me acerqué a su oreja y la mordisqueé. Susurrando un casi inescuchable "¿puedo? ". A lo que ella, solo asintió mientras ambos moríamos de placer. 

Me entrometí entre sus pantalones. Acaricié sus bragas de encaje mientras notaba como todo su cuerpo se arqueaba. La cogí de la cintura con el otro brazo poniéndola debajo de mi cuerpo semidesnudo. Me deshice de la última ropa que llevaba encima y continué mi trayecto introduciendo mi mano en el interior de su cuerpo mojado. Volvió a gemir y arquearse de placer. Seguí recorriendo con mis dedos toda la profundidad de su ser hasta que noté como se arqueaba más de la cuenta y paré.

- No, no quiero que termines ya - susurré en su oído mientras le bajaba las bragas del todo y me metía debajo de las mantas. Quería que tuviese la mejor experiencia que nunca había tenido. Que tuviese las mismas ganas que yo de volver a repetirlo una y otra vez. Quería hacerle el mejor oral que pudiesen hacerle. Pero a los cinco minutos de estar bajo las mantas. Noté como me agarraba y tiraba de mí hacia el exterior. Me miró fijamente a los ojos y lo dijo.

- Fóllame, ya - recalcando alto y claro el "ya" y con una sonrisa muy traviesa. 

- Oído cocina - murmuré siguiéndole el juego.

Me apresuré a coger un condón de la mesita. Me lo pusé y volví a ponerme en horcajadas sobre ella. Con mucho cuidado me introduje en su interior. Obviamente después de la vivencia de unos meses, no sangró aunque si se inmutó. Soltó un largo gemido mientas me agarraba el trasero marcándome el ritmo que ella quería seguir. Me moví en su interior mientras jugueteaba con sus orejas. Eran tan suaves y comibles. En diez minutos, me encontré a una Lola excitada, empujándome contra el colchón y tomando el control. Se puso sobre mí, levanté las manos en señal de "ten cuidado" y me mordí el labio mientras volvía a meterme en su interior. Comenzó a moverse rápidamente encima de mí. Comenzó a botar sobre mi miembro y cada vez era más excitante. Notar su piel sobre mí, su respiración agitada sobre mi cuello y su pelo enredado volar de un lado a otro del cuarto. 

De repente, nuestros aparatos parecieron estallar, ella apretó fuertemente su cuerpo sobre el mío mientras cerraba los ojos balanceándose hacia atrás. Se había corrido y como buena pareja, me corrí detrás de ella emitiendo ambos un gemido que parecía que habíamos terminado la clase de ópera.

Se lanzó sobre mi cuerpo acostándose a mi lado y sudando a chorro suelto. Nos destapamos del todo y nos miramos agotados sonriendo.

- ¿Qué tal? - dije aún jadeando mientras acariciaba mi cabello mojado.

- ¿Enserio aún lo preguntas? - respondió con cara de sorpresa. Nos reímos a la vez mirándonos con cariño. Besé su mejilla y la miré con dulzura.

- Yo también te quiero - murmuré respondiendo a su comentario de ayer por la noche.

Ella me miró de nuevo asombrada y sonrió como una niña pequeña mientras sus mejillas se teñían de rojo.

 


 

Narra Coque: 

Llegué a la agencia de viajes con una sonrisa de oreja de oreja. Jessy iba detrás de mi cogiéndome de la mano igual de sonriente que yo. 

Entramos y esperamos hasta que hubiese una mesa libre. De repente, como si el infierno se alzara ante nosotros vimos a Érica entrar y sentarse en frente de nosotros. Tenía una barriga enorme, pronto saldría de cuentas supongo. Alzó la mirada y nos vió, su cara ennegreció de un momento a otro. 

- Vaya, que sorpresa - murmuró ella captando la atención de Jessy. La agarré de la mano porque sabía lo que podía pasarle por la mente y no quería que cometiese tal equivocación.

- Anda, da gracias de que no te denunciaste por secuestrarme y atarme en tu casa. ¿Sabías que es delito penal? - murmuró Jessy totalmente enfurecida.

- Aún te hice un favor, por lo que veo. No tardaste en comerle el culo como una perrita faldera.

- Al menos mis sentimientos son sinceros, no ando con varios teniendo hijos y esas cosas - respondió con una sonrisa de lado.

- Todos cometemos errores.

- ¿Y qué haces aquí? ¿Huyendo del país? ¿A quién más estafaste? - murmuró Jessy mientras apretaba mi mano con más fuerza.

- Estoy recuperando el dinero de mi billete a Cuba.

- Vaya, eres una bruja hasta para eso. Te importa una mierda lo que sientan los demás y siempre fue así.

- Seguro que vosotros os vais de vacaciones con esos billetes. ¿Qué ladras entonces? - dijo palpándose la barriga con malicia.

- Te equivocas reina, vamos a hacer nuestra propia luna de miel.

- Chicos, sois los siguientes - murmuró la chica acercándose a nosotros avisándonos.

- Bye Érica. Púdrete - se despidió Jessy.

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Una vez compramos los billetes, ya teníamos la fecha de nuestra partida, era en una semana y teníamos que ir preparando todo y coger vacaciones en nuestros respectivos trabajos para poder partir sin preocupaciones. Estaríamos una semana allí. Lo estábamos deseando. 

Antes de salir de allí pude percibir la voz de Érica.

- ¿A dónde va a ir la pareja que acaba de salir?

Me reí, era tan estúpida que no podía centrarse en su propia vida, tenía que meterse nuevamente en la mía. Si no la hubiera cagado, ahora seguiría con ese monstruo.



Narra Miguel:

 

¡Lola! Hace mucho que no te veía. ¿Cómo estás? - me sorprendí al encontrármela en el pasillo. La abracé como si la vida me fuese en ello.

- Muy bien, la verdad. Me sorprende no encontrarte en el baño o desnudos uno de los dos como de costumbre.

- Bueno, me pillaste bien esta vez - me reí mientras la miraba como si de una niña indefensa se tratase.

- ¿Pasaste la noche aquí?

- Sí, digamos que la relación con Henry ha mejorado.

- Me alegro, espero volver a poder llamarte cuñada. Me hacía mucha ilusión que alguien quisiera a mi hermano.

Se rió como solía hacerlo antes. Eso me hizo sonreír, al fin volvía a ser la misma Lola de antes. Poco a poco, claro, pero ese brillo en los ojos, volvía a aparecer.

- Ven, vamos a hacer de desayunar - la cogí por los hombros llevándola a la cocina.

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- Y bueno, estábamos pensando en coger un vuelo la semana que viene, ya que están todos los billetes llenos y fue el único que pudimos encontrar disponible por la web. Es la compañía más barata que encontramos, ¿verdad cielo? - dijo Marina devorándose una magdalena mientras Lola y Henry la observaban con curiosidad.

- Sí, va todo dios al festival. Deberíais venir, podríamos ir en parejitas. Haremos un tour por la zona, cojeríamos dos habitaciones en el hotel, comeríamos comida irlandesa y beberíamos hasta caer muertos.

- ¿Lo dices enserio? - dijo Henry mirando a Lola esperando una respuesta por su parte.

- Claro, ahora que volvéis a estar bien, aunque no hayáis formalizado la relación. Es el momento para hacer una escapada - respondí mirando a Marina mientras ella asentía con una sonrisa.

- No es mala idea, Lola necesitas desconectar después de todo el estrés que sufriste estos últimos meses - respondió Marina apoyando mi propuesta.

- No digo lo contrario, pero llevo meses sin trabajar, no puedo permitírmelo - mencionó llevándose una magdalena a la boca.

- Te lo pago yo - reclamó Henry cogiéndole la mano. Marina y yo intercambiamos miradas sonriendo. Se notaba que estaban mucho mejor, de hecho, demasiado bien. Parecían una relación nueva, más madura y sana sin dudarlo.

- ¿Estás loco? - respondió agitada casi atragantándose con la magdalena.

- Ya me lo devolverás. Venga, nos lo pasaremos bien - ronroneó Henry poniéndole ojitos. A lo que ella, le besó en la mejilla con cariño.

- Está bien, cojan dos billetes más - dijo poniendo los ojos en blanco - Nos vamos a Irlanda.

Todos gritamos victoriosos mientras Henry abrazaba a Lola alegremente.

 


 

 

domingo, 20 de diciembre de 2020

(T3) CAPÍTULO 59: LO NUESTRO YA SE FUE

 

 

 Narra Derek:

  Tenía muchísimo temor a lo que pudiese decir Miriam respecto a lo que estaba a punto de confesarle. 

- Tenemos que hablar, Miriam - dije super temeroso, todo mi cuerpo flaqueaba.

Miriam me miró totalmente confundida con ojos de gatito asustado. No tenía muchas esperanzas en que lo que le iba a contar fuese algo bueno y en eso tenía razón, no lo era. Pero al menos, lo sabría por mí y no por terceras personas que además, no le agradaban precisamente.

Decidí ir directo al grano, mientras Miriam no dejaba de moverse totalmente nerviosa e impaciente mientras se mordía el labio inferior y se cruzaba de brazos expectante.

- Mientras lo dejamos, estaba bastante afligido, así que una noche, una chica en un bar me ofreció su compañía. Todo ocurrió muy rápido y acabamos besándonos. No te lo conté antes porque no me sentía bien conmigo mismo, es decir, seguía amándote y no sé exactamente, porqué besé a otra chica que no fueses tú - bajé la mirada avergonzado. Resultaba peor de lo que mi mente había imaginado.

- Después de suplicarme casi de rodillas que te escuchara y que hablásemos las cosas, me dices, ¿qué te enrollaste con otra tia? - puso los ojos en blanco incrédula y dio vueltas completamente nerviosa y algo histérica - Pensé que al romper durante... ¿qué fue una semana? No sé, al menos aguantases sin tener contacto físico con otra chica. Realmente no lo entiendo. Yo te anhelaba, echaba de menos tus besos y tu cariño. Tu compañía y tus ganas de comerte el mundo. ¿Por qué? ¿Por qué no pudiste controlar tu estúpido pene y tuviste que cagarlo todo? - me dio un empujón mientras pequeñas lágrimas comenzaban a brotar por sus mejillas - ¿Crees que demuestras algo así? No, todo lo contrario. ¿De verdad me amas, Derek?

 - Pues claro que te amo, eres lo que más amo en el Universo, siempre lo has sabido. Solo fueron besos y además, habíamos roto. Justo esa noche, estaba completamente sin esperanza, te echaba jodidamente de menos y estaba bajo los efectos del alcohol.

- ¿Pones la típica excusa de estaba bajo los efectos de las drogas? Derek, pensé que era más sensato - giró la cabeza de un lado a otro, completamente decepcionada - ¿Quién fue la chica?

Negué con la cabeza.

- ¿Quién Derek? - dijo cogiéndome de sorpresa por el cuello del abrigo.

- Melanie - murmuré en tono muy bajo inclinando la cabeza de nuevo.

- Eres estúpido de verdad, aún encima con esa zorra la que más daño te hizo en el mundo - gritó aún con más lágrimas en los ojos y de pronto, una bofetada fue directamente a mi rostro y sí, me lo merecía. Finalmente, yo tampoco me sentía agusto y conforme con lo que había hecho. Había sido un jodido error del que me arrepentiría para siempre. 

- Nunca la olvidaste, siempre la quisiste a ella, aún después de toda la mierda que te hizo. Todos los hombres sois idiotas. No os sabéis valorar ni a la persona que de verdad tenéis al lado y os ama con toda su maldita alma. Cuando estuve en coma seguro que también estuviste con ella, ¿verdad?

- No, ella lo intentó. Decía que estabas muerta y siempre le respondía a sus ofensivos comentarios. Nunca pasó nada porque te amaba y te amo, Miriam. Todos cometemos errores, por favor...

- Ya te he escuchado, ya dijiste todo lo que tenías que decir - se sonó los mocos y prosiguió con mirada fría y tono altivo - Me hiciste mucho daño, aunque no estuviéramos juntos, me has demostrado lo que verdaderamente sientes. No soy un puto lío de una noche, he renunciado a muchas cosas por ti, Derek y no, no me merezco esto. No sé si puedo perdonarte, no sé si puedo seguir amándote y sustentando esta relación yo sola. Nunca pondrás de tu parte, nunca...

- Yo también he rechazado cosas por ti, mi gran sueño. Estuviste en coma, me trataste fatal después de lo de tu madre. No me merecía ese desprecio. Sé que estabas mal pero yo solo intentaba apoyarte y reaccionaste así. ¿Crees que fue fácil para mí? Luego, no contaste conmigo para la adopción de Dylan, me lo contaste en el último momento y, ¿soy yo el que no pongo de mi parte? Estoy harto de hacer cosas y que no veas absolutamente nada, estoy harto de ser siempre el culpable de todo y de que tú seas una santa. De afrontar tus meteduras de pata, de llorar por ti, de aguantar tus estupideces de niña inmadura, de cometer un fallo y que me juzgues siempre aunque hiciera muchísimas cosas buenas por ti. Tal vez sea yo el que no quiere que le perdones - dije enfrentándome a ella y dejando todo lo que pienso claro de una vez. Me cansé de ser el chico faldero que debe aceptar todas sus culpas.

- ¿Cómo te atreves? - levantó de nuevo su mano con furia, la alcancé en el aire y la sujeté con fuerza. Al ver, que seguía moviéndose, la acorralé entre la fachada de mi edificio y yo. Nos miramos con furia durante varios segundos.

Luego, nuestras miradas se suavizaron, pasó sus manos por mi cabello y me besó con fuerza. Le seguí el beso introduciendo mi lengua. Ambas juguetearon con pasión. Abrí la puerta de la entrada y dejé a Miriam acostada sobre las escaleras. Continué besándola mientras ella se deshacía de mi camiseta. Le subí la falda con rapidez y ella aprovechó para bajarme los pantalones y sacar a la luz mi miembro erecto. La cogí entre mis brazos y le rompí las tangas tirando de ellas y desprendiéndolas de su cuerpo. No podía aguantar más. Me introduje dentro de ella con fuerza y la embestí durante un largo tiempo. Comenzó a gemir, la besé furtivamente para calmar sus gritos. Su culo rebotaba en mi polla y eso hacía que cada vez me la pusiera más dura. Le subí el top dejando al aire sus preciosos pechos, al contacto, se volvieron tiesos y firmes. Los besé y chupeteé mientras ella seguía gozando y botando sobre mí. Luego, la tomé con fuerza y la puse en la postura del perrito. Se agarró fuertemente al posa-manos y la embestí nuevamente. Seguía gritando fuertemente, le puse la palma de la mano en la boca para callarla.



Sus gritos suavizaron una vez se corrió, luego yo. Se dio la vuelta y se incorporó. Me miró aún entre suspiros de satisfacción y luego, abandonó el lugar sin mirar atrás. Diez minutos, diez putos minutos haciendo el amor. 

Demostrándole que aún la amaba por encima de todo.




Narra Lola:

 Llamé a la puerta desesperadamente. Era de noche y hacía un frío terrible. Aún no me acostumbraba al invierno por lo que llevaba pantalones cortos y una camiseta de tirantes por debajo de la cazadora. 

La puerta se abrió ante mí y él se asomó sorprendido.

- ¡Lola! ¿Qué haces aquí a estas horas? 

- ¿Puedo quedarme aquí esta noche? 

- Mmm... Claro. ¿Qué sucede? - preguntó preocupado dejándome sitio para entrar viendo que intentaba arroparme con los brazos del frío que tenía.

- He tenido pesadillas y no soy capaz de dormir. Me siento muy sola en mi apartamento - murmuré con la voz entrecortada.

 

 

- No te preocupes, puedes quedarte aquí el tiempo que desees - me sonrió y cuando parecía que iba apoyar su mano en mi hombro, la retiró con cautela - Vente - comenzó a subir las escaleras.

Como no, me sabía el camino hasta su habitación. 

Una vez dentro me sorprendí al ver que todo seguía igual. El cuarto muy desordenado (aunque menos de lo habitual), luz en abundancia, calzonillos por los alrededores, habitación acogedora y música relajante de fondo. Muy Henry.

- ¿Te traigo algo de beber?

- Un café descafeinado - susurré sentándome en su cama.

- Ahora mismo vuelvo, métete en mi cama o te helarás - dijo con preocupación desapareciendo por la puerta y cerrándola a su paso.

Pero no le hice caso. Salí de su cuarto y exploré la zona. El baño seguía idéntico. Sus padres como siempre no estaban y su hermano... Parece que tampoco. Su habitación se encontraba abierta de par en par y no se podía ver a nadie en su interior, ni siquiera una mínima sombra. Henry estaba solo en casa pero a diferencia de mí, lo llevaba bastante bien. Decidí regresar a la habitación, antes de que Henry volviese y me tomase por una cotilla o se preocupase de mi ausencia. 

Me arropé con sus mantas bien, solo se me veían los ojos y comencé a olerlas. Era totalmente el olor corporal de Henry y me encantaba. Echaba de menos esto. Su habitación, sus cafés, su compañía y su olor. Pero no era un buen momento estar juntos después de todo lo que había pasado, aunque lo desease con fuerzas y creo que él también. Me salvó la vida a mi parecer. A saber, que haría ese tipo después de violarme. Matarme para que no dijese nada supongo o a saber qué. Secuestrarme.


Henry regresó con dos cafés y una estufa portátil. Me cedió el café con cariño y nuestras manos se rozaron. Se disculpó mientras los colores se presentaban en sus mejillas. Se volteó para poner la estufa y con los nervios, se tropezó con el clave. Sigue siendo el mismo torpe de siempre. Procuré no reírme de él. 

- Bueno, pienso que así no tendrás frío, si necesitas algo estaré abajo, ¿vale? - dijo mientras se dirigía a la puerta.

- Espera, si te vas no lograré dormir - mencioné sentándome como un indio en la cama y con tono de voz tenue.

Me miró perplejo, no se lo esperaba en absoluto.

- ¿Puedes dormir conmigo? A mi lado... - aclaré segundos después mientras me hacía a un lado dejándole sitio. En una cama pequeña como esta sería imposible no rozarnos, aunque eso me asustaba mucho, necesitaba descansar bien y el miedo que me invadía no me dejaría en absoluto. Necesitaba, sentirme protegida.

 - Claro - sonrió nervioso y se echó a mi lado. Llevaba puesto un pantalón de cuadros azules de pijama y arriba una camiseta de lycra gris. Rara combinación aunque se le marcaban los pectorales.

Nos quedamos echados uno mirando al otro, era extraño. Durante unos minutos no dijimos nada, hasta que él interrumpió el silencio tan incómodo.

- ¿Cómo estás? No hace tanto frío ahora.

- Estoy bien, gracias - le dediqué una pequeña mueca a modo de sonrisa. Se le iluminaron los ojos de sorpresa. Intenté cerrar los ojos y descansar. Volví a abrirlos a los pocos segundos y Henry se encontraba mirándome muy fijamente. Al coincidir nuestras miradas, la apartó y cerró los ojos. Sonreí, esta vez sin forzarlo.

Poco a poco fui desplazando mi mano más cerca de la suya. Aún tenía la chaqueta puesta pero daba igual. Le agarré de la mano con fuerza y este me correspondió. Ambos nos miramos al mismo tiempo.

- Vaya, esto si que no me lo esperaba.

- Gracias por cuidarme siempre - murmuré cohibida. Esta vez la tímida y colorada era yo.

- Es un placer, además me sale natural. Alguien a quien amas... - cesó de hablar de repente y bajó la mirada.

Sí, yo también seguía amándote Henry pero no era posible estar juntos, al menos ahora mismo no.

Me acerqué más a él, este palideció cuando recorrí su cuerpo con la mirada. Tragó saliva mientras acariciaba todo su brazo abriéndome paso a su pecho. Apoyé mi cabeza en su pecho y pude sentir como su corazón latía con fuerza. Mi mano sobrante la deposité al otro lado de su pecho. Al poco tiempo, él pudo responder. Se acercó y me besó la cabeza y a continuación, pasó ambas manos por mi cuerpo abrazándome con fuerza.

- Siempre me tendrás, pase lo que pase. Estoy aquí para cuidarte.

Y me envolví aún más entre sus brazos mientras mis ojos comenzaban a cerrarse. Ya no tenía miedo. Estaba en el lugar donde siempre me gustaba estar y me sentía la chica más protegida del mundo.

- Te quiero - pensé en alto. 



 

 Pero no obtuve respuesta. 





Narra Jessy:

Las líneas comenzaban a volverse borrosas. Llevaba 2 horas trabajando en Economía. No podía más. 

Necesitaba un respiro porque la sonrisa ya la tenía dibujada por ese tio.

Me tumbé en la cama sosteniendo aún el bolígrafo entre mis manos.

Comencé a darle vueltas a él y a mi cabeza.

Llegó y me besó. Entonces, el boli cesó de girar y se paró en un instante.

Dos meses interminables pensando en él y ahora que había vuelto, seguía comiéndome la cabeza.

Maldita sea. Así era imposible concentrarme. Me di la vuelta y abracé un cojín rojo. Rojo como mi corazón cuando latía por él.

Mierda, mi imaginación superaba a la ficción. No podía dejar de pensar en sus labios sobre mí la noche anterior.

Escuché un portazo y desperté de mi imaginación. Él entró en escena de la peli que me estaba montando en la cabeza. 

- ¿Quieres Vodka? - dijo coqueteando con la pelota y una sonrisa tonta. 

- Sí, si claro. Obvio - respondí al momento sin pensar mientras fruncía el ceño asombrada.

Casi al mismo tiempo que respondía, ya estaba abandonando la habitación.

No me dio tiempo a pensar. Apareció por la puerta con una sonrisa picaresca y la botella ligeramente empezada en la mano.

Se sentó a mi vera y comenzó a servirme.

Le agarré la botella de las manos mientras me mordía el labio y decía con una voz sensual.


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- Déjame a mí, ya me sirvo yo.

No respondió, solo me sonrió de la misma forma que hacía un instante. Me derretí completamente.

Sacó el celular del bolsillo y comenzó a sonar su canción. Ahora era nuestra canción.




Comenzó a reproducirse el videoclip de la canción. Instintivamente, me acerqué más a él. Le miré fijamente, sin decir palabra pero diciéndolo todo. Extendí mis manos y comencé a acariciarlo. A comerlo con la mirada. 

A no dejarle decir ni una sola palabra. Tenía mucho que decirle después de tanto tiempo y lo quería todo para mí. Quería tener toda su atención sobre mí. Entonces, me puse sobre él y dije:

- ¿Y ahora qué? 

Entonces respondió sin titubeos.

- Cállate y bebe idiota - intervino cogiendo la copa en la mano.

Me quedé perpleja pero repetí su gesto y bebí un sorbo largo.

De repente, me agarró por la cintura y me atrajo a sus labios. ¡Sí! Esto era lo que quería.

Absorbí el Vodka de sus labios como si interpretase que fuera la última vez que lo viese.

Me agarró del trasero y justo en ese momento, la canción cesó y un anuncio sobre bebés comenzó a resonar.

Me asusté y me abalancé sobre sus brazos. Caímos los dos precipitadamente sobre la cama y comenzamos a descojonarnos al escuchar el llanto del niño pequeño de la publicidad.

Nuestras miradas se detuvieron fijamente.

Comenzó a sonar una canción lenta y nuestros corazones hablaron por sí solos. Contemplé la ventana, la luz de la Luna deslumbraba nuestros cuerpos. Recordé que tenía un pijama de ositos puesto y me sonrojé por completo. 


- Es perfecto - suscité bajo una pequeña sonrisa.

- ¿Cómo? - respondió él con sorpresa.

- Mierda, lo dije en alto - volví a reírme. ¡Oh, joder! Estaba muy enamorada de él y de este momento. De nuestro momento.

- Todo es perfecto si estás tú.

Giré la cabeza. ¿De verdad acababa de decir eso? No podía creérmelo. Éramos igual de ñoños. Habíamos pensado lo mismo.

Estaba eufórica, imnotizada, apegada a él por un magnetismo que no alcanzaba a entender pero podía ver en él. Solo en su piel, era suave, delicada y ruda a la vez. Tenía ese algo que me enamoró la primera vez que lo toqué en el salón. Recuerdo que me abrió la puerta y ahora lo hacia hacía su corazón. ¡Qué demonios, sus latidos marcaban el ritmo del camino que estábamos a punto de recorrer juntos.

Y se entrelazaron otra vez nuestras manos. Estaba en casa, ahora sí. Asentí y él pareció contestarme con una sonrisa y un meneo de cejas que me volvía loca.

Me bajó de la nube violentamente preguntándome por el colgante. Se me hundió el pecho y llenó de recuerdos. No tuve que hacer memoria para recordar dónde se hallaba guardado mi talismán. Lentamente, me deslicé entre sus brazos hacia el cajón de la mesita. Abrí el cajón de los recuerdos, abalancé la mano sobre el mismo con los ojos cerrados y sustraje la mitad que le pertenecía de aquella joya que con orgullo y entusiasmo acerqué a mi pecho. Lo miré y antes de que pudiese balbucear una palabra la otra mitad ya estaba sobre su pecho... 


Entonces se aventuró a confesarme sus miedos que le atormentaban en su estancia en la remota Cuba. Hechos que justificaban mis innumerables noches en vela. Todo encajaba poco a poco hasta que nuestros corazones rotos encajaron de nuevo.

Sin esperármelo, se levantó y salió por la misma puerta por la que había entrado llendo hacia las escaleras.

Mi pecho dio un vuelco y en un impulso me vi persiguiéndolo escaleras abajo apresuradamente. Lo detuve sin miramientos agarrándolo bruscamente del hombro y le eché el dedo.


 - Vuelve a quererme - dije ferazmente.

- Nunca dejé de hacerlo - confesó desde el hondo de su alma.

Esas palabras resonaron el resto de la noche en mi mente.

 

 

 

Narra Carlos:

 Al abrir los ojos, un olor poco familiar se extendió por mis fosas nasales. Tenía un toque amargo, casi cítrico que acompañaba al olor floral que inundaba la habitación. 

Pude observar que era de noche por la oscura y tenebrosa ventana. Miré bajo las mantas, me encontraba completamente desnudo y con un dolor de cabeza muy resonante. Me llevé la mano a ella maldiciendo a todas las personas que se me pasaron por la cabeza en aquel momento.

 Me erguí estirándome y aproveché para mirar la hora. Eran las 3 de la madrugada, no sé como me había despertado tan pronto y más aún, después de beber. Era un remolón en estos casos.

Al girarme para coger el pantalón de pijama de mi escritorio, se encontraron unos ojos abiertos y muy graciosos mirándome fijamente y más tarde, a mi entrepierna. Unas mejillas se sonrojaron e intenté no mostrar mi sorpresa. Que chica más linda.

Su cabello rosa le caía en cascada por los hombros, lo tenía más largo de lo que me parecía. Recordé algún momento de la noche anterior, se dibujó una sonrisa en mi rostro y la cabeza de abajo se puso en marcha por sí sola. 

¡Upps! Desde que la había visto entrar en aquella discoteca, no había podido dejar de mirarla ni un solo segundo. Me parecía tan hermosa y torpe. Además, sus ojos trasmitían sinceridad y su boca...

¡Deja de pensar en eso, Carlos! ¡Estás desnudo ante ella, porras!

Me vestí con rápidez, ignorando su atenta mirada. Hizo un gruñido que no supe interpretar concretamente.

- Dime.

Fue lo único que salió de mi boca, tras volver a cruzar nuestras miradas.

- ¿Me pasas ropa? - susurró con la voz entrecortada y con cierta timidez. Sus mejillas se tiñieron más y más de rojo. Parecía caperucita rosa.

- Claro - dije saliendo de mi burbuja de pensamientos y volviendo a la realidad. 

Fui tan idiota, que le pasé una camiseta mía. Eso empeoró la situación y a pesar, de que me miró fatal, se vistió igualmente con ella. Se irguió y se quedó parada frente a mí con los brazos cruzados. 

- ¿Cómo debo interpretar ese gesto? - dije señalando sus brazos con una sonrisa boba mientras mis ojos bajaban por su cuerpo semidesnudo.

- Hora de desayunar, ¿no? ¿Qué hora es? - respondió caminando por la habitación en busca de un reloj.

- Son las 3 - la interrumpí - de la madrugada.

- ¿Aún? ¿Por qué te levantaste entonces?

- ¿Acaso no puedo levantarme? Espera, ¿estabas despierta? - me sorprendí mirando mi móvil que había cogido antes entre las manos.

- Desperté cuando noté tus movimientos. ¿Comemos algo?

A esta chica le gustaba mucho cambiar de tema de conversación y además, era insistente, me gustaba.

- ¿Por qué no? Vente monada.

- ¿Monada? ¿Perdona? - dijo siguiéndome mientras hacía una mueca muy risueña y se colgaba de mi cuello dificultándome el paso. 

- ¿Acaso no lo eres?

- Demasiada confianza.

Me volteé quedando a unos palmos de ella. Aún seguía rodeándome el cuello con los brazos. Sentí su respiración agitándose mientras no dejaba de mirarme los labios. Tras unos segundos sin respuesta por si parte, chafó el momento tomando distancia.

¡Ooh, no no no! De eso nada, monada. 

La agarré de la cintura asombrándola y le besé apasionadamente en los labios. Me agarró fuerte del cabello mientras entrometía mis manos bajo su camiseta. Es decir, mi camiseta.

Gimió en mi oreja y más tarde, noté pequeños mordisquitos en ella que me pusieron los pelos de punta. Acaricié sus pechos deleitándome con la sensación pero no podía aguantar más. La cogí en mis brazos y llevándola sobre mi espalda bien sujeta, caminé con ella hacia la cama y la arrojé en ella como pude. 

Sus mejillas ardían de deseo y parecía que en cualquier momento, se rajaría el labio de tanto morderlo.

Me coloqué sobre ella, me dió permiso abriéndose de piernas y riéndose como una nena con un juguete nuevo.

Mis manos precipitaron sobre sus hermosas caderas. Me deshicé con rapidez de su ropa interior con los dientes. Acaricié sus piernas subiendo cada vez más a su zona genital. Sus gemidos subían de tono a cada palmo que me acercaba. No podía aguantar más y yo tampoco. Quería saborear hasta el último rincón de su piel. Comencé a lamer en círculos mientras ella perdía el control de sus movimientos. Se quitó la camiseta de un tirón. Aproveché para subir mis manos por su torso mientras seguía saboreándola.

Me cogió por sorpresa agarrándome del miembro y acercándome a ella. Le di acceso y me bajó los pantalones.

La pasión que ambos teníamos encima, se unió formando una aura de plena sensualidad. 

De repente, se nos quitó el hambre, la sed y la resaca. También la vergüenza, estábamos explorándonos el uno al otro, y eso es lo que de verdad importaba.



Se escuchó un fuerte grito, mis caderas se movieron.

Estaba dentro de ella, por tercera vez esta noche.

Y joder, las que quedaban. 

La monada de Betsy no dejaba de mirarme con ojos brillantes.

A mí, también me gustaba lo que veía.