domingo, 2 de noviembre de 2014

CAPÍTULO 16: FALLO IMPRUDENTE





DÍA:4 DE AGOSTO
















Narra Miriam:




Pasaron dos días, me sentía con muchísimas ganas de ingresar en las clases.

Me aburría en casa y decidí buscar un trabajo aparte de las clases.

Quedaba con las amigas el fin de semana pero Jessy y Pris no se venían con el resto de la panda.
Bueno eran las cinco de la tarde y me encontraba con Sofía y Melanie en el centro comercial.
Era una tarde de chicas, después de recorrer todas las tiendas de ropa del lugar, fuimos al cine y finalmente a una cafetería.

- Bueno Miriam, vamos a pedir algo de beber al mostrador. Espera aquí, enseguida volvemos - mencionó Mel.

Nada más marcharse, mi móvil comenzó a sonar. Al abrirlo, descubrí que era un número totalmente desconocido. Decidí cogerlo y terminar con aquel misterio.


- ¿Diga? - pregunté siniestramente.


- Hola Miriam - desde la otra línea sonó una voz ronca de un hombre de poca edad. No tenía ni idea de quien podría ser.

-  ¿Quién es? ¿Cómo sabe mi nombre? - pregunté mientras mi ceño se mantenía fruncido.

- Soy Derek Karev - sonrió cariñosamente.

- Derek - murmuré escondiendo mi sorpresa - ¿No me digas que ya tienes el auto listo?

- No, aún no. Decidí telefonearte por otro motivo - creo que por los ruidos que se escuchaban desde la otra línea, Derek estaría conduciendo.

- Bien - fue lo único que pude decir.

- Me gustaría quedar para cenar contigo en el restaurante "Petit Pau" - nervioso se acomodó.

- Verás...

-  Miri, ¿de qué saber quieres el batido? - me interrumpió Melanie.

- Un segundo - le susurré a Derek y aparté el móvil de mi oído.

- De chocolate - mencioné y volví a apoyar el móvil a la altura de mi oído.

- Dos de chocolate y uno de multifrutas, por favor - le pidió al chico de detrás de la barra.

- ¿Y bien? - raccionó Derek.

 - Hoy me resultaría técnicamente imposible.

No tenía el valor de volver a verle después de lo ocurrido. Si, solo era una cena entre dos desconocidos pero aún así seguía avergonzada.

- ¿Y el próxima día? - se mordió el labio con esperanza.

- Tampoco - me excusé.

- Pues concreta tú el día que te venga bien - sonrió.

- Derek... creo que es mejor olvidar lo de ir a cenar.

- Genial, entonces también olvidemos lo de la oferta. El precio auténtico del coche, veinticinco mil sigue en pie - comentó con voz distante y elevada con cierto enfado.

- ¡No! - exclamé y todo el mundo me observó sorprendido.

- ¿Qué ocurre, Miriam? Hace dos o tres días ardías de ganas por cenar conmigo y hoy... ¿me dices que es mejor olvidarlo? - mencionó molesto.

- Porque te soborné. Solo quería que me rebajases el precio del coche dándote falsas esperanzas sobre una posible relación entre nosotros. Fui una egoísta, pensé solo en mi conveniencia. Lo siento. Me siento tan avergonzada que no tengo el valor para volver a encontrarme contigo - le expliqué finalmente.

- ¿Así que era eso? Miriam, es una cena. No intento absolutamente nada contigo, tal vez pueda existir una posible amistad pero nada más. Tengo veintiseis años y tu dieciocho. ¿Piensas que cabría la posibilidad de tener una relación estable entre ambos?

- Perdóname, soy una estúpida. ¿Cómo puedo arreglar esto? - reconocí bajando la mirada con expresión perdida.

- Concediéndome una cena esta noche a las nueve en punto en el restaurante "Petit Pau" - susurró divertido.

Reí pensativa.

- Está bien, acepto.

- ¿Voy a buscarte a tu casa o vienes tú directamente al restaurante? - preguntó más tranquilo.

- Ya me buscaré yo la vida. Gracias de todas formas - sonreí haciendo una mueca.

-  Por cierto, yo pediría el batido de vainilla y crema está para chuparse los dedos.

- Gracias por el consejo - reí - La próxima vez lo probaré.

- ¡Derek! ¿Qué haces? - se escuchó la voz de una mujer.

- Tengo que colgar, hasta las nueve - colgó sin dejarme ni despedirme.

- Mierda - susurré e incluí su número en mi lista de contactos.


Volvieron Sofía y Melanie y se sentaran junto a mi en una mesa cerca de la ventana.
Ambas traían en sus manos los batidos, pajitas de colores, servilletas y poco más.


































- Aquí tienes, tu batido - me sonrió Sofía entregándomelo.

- Gracias Sof - reí bebiendo un sorbo mientras dirigía la mirada a mi móvil.

- Dios, el chico de la barra está para comérselo - cambió Melanie de tema mientras se mordía el labio.

- Ojalá él estuviera incluído en el menú - mencionó Sofía mirándolo.

Sonreí al ver a ambas y me volteé para contemplarlo. Era un chico de unos treinta y pico, de mirada intensa, ojos verdes y penetrantes, pelo moreno y labios anchos. Sonreía mientras le entregaba unos batidos de crema a unas chicas más o menos de su edad. Su vestuario constaba de un delantal del local y un cartelito con su nombre un poco más arriba del pecho.


- No está nada mal - sonrió Sofía mientras absorbía el batido de multifrutas y se manchaba la punta de la nariz de lo distraída que se encontraba.

Comencé a reírme.

- Y la bebida tampoco está nada mal. Tenemos que venir más veces aquí - exclamó Melanie.

- Sof, estás manchada de batido rosa en la nariz - reí pasándole una servilleta.
Se limpió exclamando un grito de horror entre cortado.

- Oye, Miriam. ¿con quién hablabas? - preguntó Sofía al terminar de limpiarse.

- Con el encargado de mi auto. Hemos quedado esta noche para cenar - les expliqué mientras bebía otro sorbo de mi batido.

- ¡WOA! Aquí hay temita calentito - exclamó Mel mientras juntaba ambas manos y las frotaba con interés.

- ¡NO! ¿Qué te esnifas? - levanté la voz molesta.

- Colacao - Mel se lamió los labios.

- ¿Cómo se llama? - preguntó Sofía entrometiéndose.

- Derek.

- Me gusta - apoyó sus brazos en la mesa y bajó la cabeza con detenimiento.

- ¿Queréis ver una foto de él? - mencioné.

- ¡Por favor! - exclamaron ambas a la vez.

- ¿Por qué tienes una foto en el móvil de él? - anunció Mel frunciendo el ceño.

- Es la que tiene en el perfil del WhatsApp -. me expliqué.

¡¡¡NO ME GUSTABA!!! ¿Es qué no lo entendían?


Les mostré a ambas la foto. Ellas miraron fijamente la pantalla impresionadas.







- ¡Madre mía! Pero... está buenísimo - se asombró Meli.

- Derek, por favor. ¡Qué buenorro! - sonrió Sof.

- Tampoco es para tanto - puse los ojos en blanco.

- ¿Él es cantante? - preguntó Mel.

- No, es jefe de un local de automóviles.

- ¿Y dices que te invitó a cenar? - mencionó Sof.

Asentí.

- Así es.

- Dios, ¡tienes una cita con el papasito! - rió Sofi.

- Papasito... si, es un buen apodo. Choca - le siguió Mel.

- Alto, alto. No es una cita sino una cena. Y no me gusta - expliqué elevando la voz.

- Le acabas de conocer. Ambas tenemos fe. Ya verás como ocurrirá algo entre ustedes dos - sonrió Mel arqueando una ceja.

- No sé lo que es estar enamorada pero cuando lo sepa seréis las primeras en saberlo - anuncié.

- Hablando de amor. ¿Adivinas quién está colada por un jovencito? - rió elevando ambas cejas mientras golpeaba a Sofía en el antebrazo.

- ¡¡Sof!! ¿¿¿Enserio??? Va, suelta - terminé mi batido.

-  Es un chico ¿va?
Viene a clase conmigo y... me gusta. Solo eso - dejó claro.

- Quedan para estudiar y se lo pasan a risas pero esta tonta no le quiere pedir salir algún día - Mel me ofreció más detalles.

- Es que no sé... no creo que llegue a aceptar - mencionó jugando con la pajita.

- Él es el que tiene que pedirte salir, nana - me levanté cogiendo mi bolso.

- ¿ A dónde vas? - susurró Melanie desconcertada.

- Tengo que irme, debo ayudar a mi hermano con un asunto. No vemos pronto chics - sonreí colocándome el bolso en mi hombro derecho.

- Ya nos veremos, tia - se despidió Sof dándome dos besos en ambas mejillas.

- Por supuesto - sonreí.

- Adiós linda - abracé a Mel ofreciéndole un beso en la mejilla.

- Bye - volvió a despedirse Sof.

Me alejé sonriendo y me acerqué a la barra con el vaso vacío en mis manos.

- Aquí tienes. Gracias por todo. Estaban buenísimos - le entregué el batido al chico de la barra.

- Oh, no hay de qué - me sonrió apeteciblemente.

- Por cierto, mis amigas se han enamorado de tu sonrisa. Te agradecería que le pidieras una cita a alguna de ellas - le guiñé un ojo.

- Lo siento pero no salgo con clientas - rió - La sonrisa es parte de mi trabajo.

- Ok, adiós - me despedí bordemente.

¿La sonrisa es parte de su trabajo? Que chico más ignorante.

Me fui y me dirigí a mi casa.

¿Aún no os la enseñé? Mirad.



EL  BAÑO (son tres en total pero este es el más utilizado):









                                                                                                            LA COCINA:







              MI HABITACIÓN (mi guarida secreta):



                                       






LA HABITACIÓN DE COQUE :









                                                                             LA HABITACIÓN DE JESSY:









                                     Y EL EXTERIOR DE LA CASA:

















Narra Jessy:



Coque y yo estábamos sólos en casa cuando Miriam llegó del encuentro con sus amigas.
Coque y yo, después, de lo del otro día no nos dirigimos mucho la palabra.

Intentábamos no coincidir.
Estaba en mi cuarto hablando con Jeremy por las redes cuando Miriam gritó mi nombre con urgencia.
Mi cuarto estaba casi al lado del suyo así que le escuchaba perfectamente.

- ¡¡¡Jessy!!!

- ¿Qué? - volteé los ojos.

- ¡¡¡Ven!!!


Eran las 8 de la tarde.

Me erguí dejando el móvil a un lado. Me asomé por su puerta que se encontraba abierta.

- ¿Qué ocurre? - pregunté.

- Ven. Bueno siéntate a mi lado - mencionó observándome. Ella se encontraba sentada al borde de la cama con un tejido entre sus manos. Lo observaba detenidamente.

Me senté a su lado con curiosidad.

- Necesito que me ayudes - pronunció al fin levantando la mirada

- ¿A qué? - pregunté confusa.

- ¿Te acuerdas de Derek?

- El chico del local donde compraste tu auto - susurré.

- Pues... me ha llamado - bajó la mirada frunciendo los labios.

- ¿Qué te ha llamado? - repetí sin creérmelo.

- Si - asintió.

-  ¿Y qué te dijo?

- Me preguntó si podíamos quedar esta noche - mencionó frotándose la frente.

-  Haber si adivino... ¿Le dijiste que si? - me sorprendí.

- Si... Es que si no me cancelaba la oferta.
Además no es una cita solo es una cena sin importancia - explicó brevemente.

- Empieza siendo una cena y se convierte en merengue del bueno - abrí los ojos con cautela.

- ¿Estás loca? - se ofendió - No me atrae.

-  Eso ya lo veremos. ¿A qué hora quedaste con él? - me interesé.

- A las nueve - confirmó dejando el tejido a su lado y cruzando las piernas.

- ¿Qué haces en albornoz? ¿No tendrías que irte preparando? - mencioné irguiéndome.

- Ya me duché y me he pintado las uñas - explicó.

- Bien. Dijiste que necesitas ayuda - le recordé acomodándome el cabello.

- ¡Si! No sé que ponerme. Quiero que sea un conjunto elegante pero a la vez moderno.

- Genial, te ayudaré con el look. Manos a la obra. Y por favor, quítate ese albornoz - exclamé con asco mientras me dirigía a su armario.







Narra Miriam:



Jessy me ayudó con la ropa.
Era bastante difícil elegir un conjunto ya que cada camiseta que le enseñaba, cada falda, la miraba, ponía mala cara y la rechazaba poniéndola junto al resto.


- ¿Qué te parece esta? - mencioné elevando una camisa entallada.

- Mmm... no. Para nada - la miró frunciendo el ceño y continuó con la búsqueda.

- Ya - bajé la mirada y continué buscando.

Después de tanto pensar, Jessy, cogió unos cuántos vestidos que le gustaban y me los probé. Al final, ella se decantó por uno muy peculiar.

Me hice un peinado sostificado y me puse sombra de ojos un poco recargada.

- ¡Lista!
Estás divina - sonrió Jessy adorando su trabajo.

- Joder - dije mirándome en el espejo.

- ¿Qué te parece? - sonrió mientras sostenía el peine en la mano.

- Voy muy... provocativa, ¿no? - dije mientras me observaba en el espejo mirándome desde todos los perfiles.

- Que va. Vas muy linda - me guiñó un ojo mientras apoyaba una mano en mi hombro izquierdo.


Jessy observó la hora.


- ¡Tienes que irte ya, venga! - gritó empujándome al exterior de mi habitación.

-  ¿Y si cancelo la cena? No tengo ganas de verle - susurré mientras me volteaba.

- Miriam, necesitas esa oferta. ¡Son mil euros! - anunció cogiéndome por los hombros.

- Está bien. Me enfrentaré a ello - anuncié.


Bajamos a la cocina y antes de entrar atrapé a Jessy del brazo.

- ¡Jessy! - susurré.

- ¿Qué ocurre? - preguntó confundida.

- De esto a Coque ni una palabra. ¿Ok? - mencioné mientras le soltaba.

- Tranquila, no diré ni mu - sonrió tranquilizándome.

Entramos ambas a la cocina.

Coque se me quedó mirando sorprendido.

Me apetecía ir a cenar pero no con Derek.



Mi conjunto era este:















Narra Jessy:




Miriam iba preciosa.
Que decir si yo le elegí la ropa.

Bueno bajamos y Coque se quedó un poco sorprendido.
Ver a su hermana bajar tan elegante a las nueve de la noche no era muy normal.

- ¡Karay!
¿Pero tú a donde vas? - mencionó Coque.

- Muchas ganas de ir no tengo - susurré suspirando.

- ¿A dónde? - sonrió.

- He quedado para ir a la discoteca Soho - inventó con naturalidad. Yo sería incapaz de mentir de esa forma.

- ¿Cómo que a...? - preguntó Coque.

- A... ¿quedado con las chicas? - sonreí interrumpiéndole con una excusa inventada.

- ¿Y tú no te apuntas? - sonrió mirándome fijamente.

- ¿Tú crees que tengo pinta de ir? - susurré mientras bajaba la mirada a mi propio vestuario.

Coque me miró de arriba a abajo con una amplia sonrisa.





Iba así:










- Mucha pinta no tienes.
Salvo que sea una fiesta de pijamas - arqueó la ceja divertido.

- ¿Tú crees? - bajé la mirada.

- Tal vez - se llevó el dedo índice al mentón y frunció el entrecejo.

- Emm... sigo aquí - Miriam nos observó perdida.

Coque se sonrojó sonriendo por lo bajo.

- ¿Con quién has quedado está vez? - volvió a mencionar.

- Emm... con Lia, Polly, Rina, Susi, Yena. Elena, Bonnie, Katherine, Bambi... - respondió tímidamente.

- Con todas, vamos - volteó la mirada con obviedad.

- Si y Jason también se viene - exclamó. Hasta yo me lo estaba tragando. Era muy realista.

- Genial.
Bueno pásatelo bien y vuelve pronto - rió amenazador.

- Gracias - sonrió dándole un beso en la mejilla.

- ¡Anda, vete ya. Qué llegarás tarde a la cita! - anuncié y al darme cuenta de mis palabras me tapé la boca con ambas manos.

- ¿Cita? - frunció el ceño dirigiendo la mirada a su hermana.

- Quería decir fiesta - sonrió Miriam muy naturalista.

- Si, exacto. ¡La fiesta! - reí preocupada.

- Ah, va.

Miriam se acercó a la salida y yo le seguí.

- Casi la jodes - mencionó frunciendo el ceño.

- Perdona, se me fue de las manos - bajé la mirada mordiéndome el labio inferior.

- No importa, no se enteró - sonrió despreocupada.

- Bueno me voy - abrió la puerta principal.

- Cuidado con lo que haces y con lo que tocas - le advertí.

- No tengas duda - frunció el ceño acomodándose el vestido.

- Chao - se despidió Coque desde la cocina mientras colocaba la mesa.

- Antes de nada, te olvidas de la cazadora - reí poniéndosela por los hombros y dándole un beso en la mejilla.

- Gracias, ya se me olvidaba - rió convincente mientras salía por la puerta.

- Mañana me cuentas.

- Claro bebé. Bye - se despidió.

- Dew - se alejó y cerré la puerta.
Suspiré hondo y me dirigí a la cocina.

Me senté alrededor de la mesa y bajé la mirada sonrojada.






- ¿De que te ríes? - mencionó Coque sentándose a mi lado.

- Nada, nada - me excusé mirándole.

- Suelta.

- Cosas mías - susurré tímidamente.

- Secretos de chicas. Va - se apartó mientras comenzaba a cenar.

Yo repetí sus pasos mirándole de reojo sin balbucear palabra. El silencio me consumió y decidí interrumpirlo.

-  ¿Por qué le ocultas a tu hermana que sales con Érica? - observé mi plato medio vacío.

- ¿Y a ti que te importa? - sonrió mirándome.

- ¿Me lo cuentas a mi y a ella no? No lo entiendo - elevé los hombros meditando sus palabras.

- Ella no lo comprendería pero tú si.

- Miriam es tu hermana. Sea como sea, lo comprenderá - intenté convencerlo - Explícame tus razones. ¿Por qué no se lo cuentas? El mundo no se acabará por ello - sonreí compadeciéndole.

- Jessy de verdad...

- Coque, no. Yo no tenía derecho a saberlo pero ella si - le interrumpí.

- Jess, confio en ti. Desde el momento en el que apareciste por esa puerta te convertiste en mi mejor amiga - levantó el tono de voz, molesto.
Permanecí en silencio asimilando sus palabras.
Me he convertido en su mejor amiga en tan solo unos meses. No sé si eso servía para iluminarme una sonrisa o para entristecerme aún más. Ser su best friend solo podía significar dos cosas: la primera, que me estaba acercando más a él y tenía posibilidades o la segunda, solo me consideraba como una simple amiga. Tenía fe en que la primera opción fuese la más posible. Le miré con ojos vidriosos.


- Jessy no se lo conté a Miriam porque tengo... miedo - explicó interrumpiendo mis pensamientos.

- Miedo - repetí haciéndome a la idea.

Asintió para avisarme de que he escuchado bien.

- ¿Miedo a qué? - pregunté interesándome por él.

-  No sé.
Supongo que mi hermana no se lo tomaría muy bien - aclaró ingenuo.

Me reí por lo bajo.

- Vete a la mierda. ¿Te estoy hablando enserio y te ríes de mi? - exclamó ofendido.

-  No Coque. No, perdona.
No me río del hecho de que tengas miedo lo que pasa es que no entiendo porque no quieres que nadie lo sepa - me justifiqué cogiéndole del brazo para que me prestase atención.

- Olvídalo.  ¿Quieres? - sonrió mostrando una botella de Montecastro. Un tinto de crianza que según muchos estaba buenísimo.

- No gracias. No bebo - fruncí los labios terminando mi plato.

- Solo es una copa. Nada más - rió virtiendo el contenido de la botella en dos copas prácticamente idénticas.

- Te he dicho que no - repetí intentando ocultar una sonrisa.

- Pruébalo y luego hablamos - me miró fijamente.

¿Cómo resistirse a sus hermosos ojos verdes? Imposible decirle que no.

- Está bien, sírveme - le miré sonriendo mientras ladeaba la cabeza con desaprobación.

Me entregó la copa y absorvió el vertido de su copa. Lo cogí en mis manos y lo observé con detenimiento. Luego, lo llevé a mi barbilla y finalmente, me animé a saborearlo. La verdad era que Coquen tenía razón. Tenía un sabor exquisito. Al terminármela, Coque me miró sorprendido.

- Vaya, ¿otra? - preguntó sonriendo y arqueando una ceja.

Asentí mirándolo de reojo.

- ¿Intentas enborracharme? - susurré sonriendo mientras me servía la quinta copa.

- No, ¿por? - me miró riendo.

- Si que lo intentas - reí sin poder evitarlo.

Se irguió tomándome de la mano. Se la acepté y ambos nos dirigimos al jardín. Abrió la puerta corredera y empezó a correr por el césped con una amplia sonrisa. Intenté seguirle con el mismo entusiasmo. Coque contenía la botella de tinto en su mano izquierda y con la otra mano me conducía hasta la piscina.

- ¿Por qué me traes aquí? - le miré sin entender nada.

Sin decir nada, apoyó la botella al lado de la piscina y se acercó a mi.

- ¿Qué haces? - sonreí mientras me agarraba por la cintura. Me sujeté a sus hombros para no darme de bruces contra el suelo.

Me empujó aún tomándome por la cintura lo que hizo que cayera sobre la hamaca, cerca de la piscina.

Él estaba sobre mi mirándome fijamente. Eso me recordó a la escena del otro día en la cocina. Realmente, este lugar se convirtió en mi lugar preferido por siempre.

- No sé si es porque estoy ebrio o por otro motivo pero realmente deseo besarte - sonrió bajando las manos por mis piernas y mirándome fijamente la boca. Me apoyé en sus hombros con disimulo.

¿Enserio acababa de decir eso? Vale, estaba soñando.

Le miré fijamente a los ojos sin decir nada. Si abría la boca seguramente estropearía el momento.

-  Solo lo haré si tú me lo pides - sonrió cerca de mis labios.

Le miré detenidamente. El chico del que realmente me estaba enamorando me estaba ofreciendo un beso con él. El problema era que ese chico ya estaba cogido y probablemente él no sentía lo mismo por mi.

- ¿Y bien? - susurró acariciándome la mejilla.

Tal vez me equivocaba. Tal vez él no lo admitiese pero en el fondo sintiese algo aunque solo fuera un poco por mi. Las dudas invocaban en mi mente mientras él me contemplaba, mirándome fijamente con ojos esperanzados. Recordé el dicho que mi padre que en paz descanse repetía una y otra vez: "No pienses, solo actúa".

- Bésame, Coque - susurré con firmeza y devolviéndole la mirada. Las palabras salieron solas de mi boca. Se notaba que llevaban tiempo esperando a ser pronunciadas.

Él sonrió y me acorraló entre su cuerpo. Apoyó ambas rodillas en los bordes de la hamaca dejando mis piernas debajo de su entrepierna.

- No muevas las piernas, por favor. Ya he llevado por tu parte bastantes golpees en mi... ya sabes - rió apoyando la mano izquierda en el brazo de la hamaca.

Enrollé ambos brazos en su cuello y lo tomé con fuerza sonriendo ante sus palabras.
Él, me acarició la barbilla con la mano derecha y se acercó a mi con lentitud al mismo tiempo que su otra mano se deslizaba por mi pecho levantándome poco a poco la camiseta de tiras.

- Bésame - repetí en un susurro aclamando un gemido.

Sonrió atrayéndome a él y uniendo mis labios con los suyos. Le seguí el beso con intensidad y bajé mis manos por su cintura hasta llegar a su bragadura. Le bajé suavemente la bragueta de sus pantalones pitillo mientras él bajaba sus labios hacia mi cuello. Introducí los dedos índice y corazón en el interior de su bragueta abierta y él se apartó un poco molesto. Se irguió un poco mareado y se agachó para coger el tinto que se encontraba al lado de la piscina. Me manoseé los labios, estaban hinchados del increíble beso que acababa de presenciar. Me erguí y me acerqué a él.
Coque se volteó observándome fijamente con los ojos rojos, su voz era muy confusa.
Se limpió el gloss de sus labios debido a nuestro beso anterior y se acercó a mi mientras bebía otro sorbo del delicado tinto.

- No puedo ocultarlo. Esté o no ebrio sé lo que siento por ti y eso nunca va a cambiar porque te quiero - levantó la voz con ojos vidriosos y me plantó un dulce beso en los labios mientras enrollaba sus brazos en mi nuca. Después de unos segundos, se apartó sin mirarme y volvió al interior de la casa.




Visualicé la botella al lado de la hamaca. La agarré y bebí de la boquilla mientras observaba el colgante de mi pecho. Este repentino beso significaba el principio de todo lo que aún estaba por llegar. Me recosté en la hamaca observando las dulces estrellas del firmamento. Me olvidé del mundo exterior, solo Coque y yo existíamos en mi mente.







Narra Pris:




Había quedado como hace dos horas con Jessy. Ella se quedaría a dormir en mi casa solo por hoy.

La telefoneé varias veces y le dejé varios mensajes pero nada. Se encontraba desaparecida. Después de tardar siglos en arreglarme ocurría esto. Decidí irme a dormir y olvidar la noche de pijamas que habíamos planeado entre las dos. Esperaba que mañana recibiese noticias por su parte.

















Narra Miriam:





En el restaurante:








Llegué al restaurante. Los grandes ventanales impactaban al nada más entrar. El restaurante se encontraba en un edificio bastante alto por eso la gente murmuraba que la mayoría de las personas no acudían al restaurante por su exquisita comida sino por las maravillosas vistas que se podían contemplar desde allí. Era realmente impresionante, se veía todo Barcelona. El espacio era enorme y favorecedor. Las luces se encontraban apagadas y solo se destacaban las velas y los pétalos de rosa alrededor de las mesas redondas que se distribuían por el recinto. Los camareros se movían elegantemente de mesa en mesa tomando los pedidos. La verdad, estaba repleto de gente.

Busqué a Derek con la mirada. Él, se encontraba al lado de uno de los grandes ventanales, sentado alrededor de una de las mesas.







- Buenas noches, señorita - se irguió tomándome de la mano mientras me la besaba con disimulo.
Sonreí ante su gesto y tomé asiento.

- Buenas - saludé mientras colgaba mi bolso en uno de los extremos de la butaca.

Se sentó y me sonrió apeteciblemente.

Estaba bastante elegante y embriagador. Su pelo se encontraba ligeramente alborotado, sus ojos reclamaban deseo y sus labios destacaban una amplia sonrisa.





Me desposé de la cazadora y la apoyé en el respaldo de la silla.

- Así que americana... - arqueé una ceja mientras me fijaba los pendientes.

- En un lugar tan distinguido y estiloso no puedes venir de vaqueros y camiseta, ni te dejarían entrar con eso puesto - sonrió mirándome de arriba a abajo - ¿Te costó encontrar el bufé?

- No me costaría tanto si el cabezón del dependiente que me atendió el otro día me consiguiese el auto lo antes posible - sonreí frunciendo el ceño.

- Pues este cabezón tiene más asuntos de los que ocuparse que de tu simple conveniencia - junto ambas manos y me miró distante - Te recuerdo que me ofrecí como chófer para ir a buscarte para que no tuvieras problemas para llegar pero lo rechazaste.

- Vale, tienes razón. La cabezota soy yo - hice una pequeña mueca y desvié la mirada - ¿Sabes? Estas vistas son realmente impresionantes - susurré mirando a través del gran ventanal.

- Tú también estás despampanante - murmuró sin dejar de clavar la mirada en mi.

-Bien, el primer piropo de la noche. ¿Algo más que decir? - le devolví la mirada mientras mis labios fruncían una línea fina.

- ¿Sabes que el soborno puede resultar un delito penal? - se lamió el labio inferior.

- ¿Intentas amenazarme? - reí sorprendida.

- Intento resultar lo más intimidante posible - me miró impasible.

Me acerqué a él sin cambiar mi expresión.

- Pues vas por mal camino - le susurré al oído mientras me mordía el labio.

Volví a mi sitio anterior desviando la mirada.

- Acabo de visualizar tu ropa interior y no me refiero a que pueda ver a través de las cosas - susurró con ojos llenos de deseo.

Bajé la mirada y oculté mis bragas tirando del vestido suavemente. Él sonrió por lo bajo mordiéndose el labio inferior.

- ¿Invitas tú? Es que me he olvidado la cartera en casa - cambié de tema precipitadamente. Esto no se me podía ir de las manos.

- Por supuesto, querida - sonrió aún por la escena de antes.

- ¿Te estás riendo de mi? - mencioné ofendida.

- No, para nada aunque déjame decirte que tienes un buen gusto para la ropa interior - se mordió el dedo índice de su mano izquierda como descargando una especie de energía.

- ¿Quieres cerrar el pico? - dije molesta.

- Está bien, no diré nada más - prometió mientras me guiñaba el ojo.

Por favor, denme paciencia.

- ¿Cuántos años tienes?

- Veintiséis, ¿tú? - preguntó con indiferencia.

- Dieciocho.

- Espera, estoy realizando cuentas mentales - sonrió - Te llevo ocho años.

- Pronto te jubilarás - sonreí.

- Jaja, no tiene gracia - se burló - Que tú seas una enana no te da derecho a juzgarme y añadirme al grupo de la tercera edad.

Volteé los ojos y agarré al camarero del brazo justo cuando cruzaba por mi lado.

- Camarero, ¿puede traerme un Coñac? Gracias - le sonreí.

- Lo siento, no está incluído en el menú, señorita.

- Ohh, no importa.

- Si quiere puedo ofrecerle una copa de Chartreuse - mencionó el camarero sonriente. Parecía muy agradable y amable.

- Si, por favor. Dos copas - señalé a Derek con el dedo índice y él sonrió alegremente.

- Ahora mismo, señorita - dijo el camarero y finalmente, se ausentó.

-  Bueno, Derek. Cuéntame cosas sobre ti. ¿Estás casado? ¿Tienes hijos? - me incorporé mirándole con una amplia sonrisa.

- No y no - exclamó sorprendido ante mi pregunta.

- Lo intuía - me sinceré.

- ¿Y tú?

- Sigo sin comerme ni un colín - reí sinceramente.

- No eres de relaciones serias - no sé si lo afirmaba o lo preguntaba.

- No, solamente me comprometí a una y duró unas semanas - hice una mueca - Por eso nunca me he enamorado.

- ¿Nunca? - me observó sorprendido.

Asentí.

- Nadie me robó el corazón - le observé con picardía.

- Ya lo encontrarás. ¿Y te gustan los niños?

- Si, de pequeña me imaginaba cuidando de tres hijos y aún tengo esa idea - sonreí recordando mi pasado.

- Ohh, a mi no me...

- Su pedido, señoritos - el camarero se entrometió en nuestra conversación dejando ambas copas sobre la mesa. Vertió muy poco líquido en la copa que rellenaba solamente el fondo de la copa.
Observé la copa con desaprobación mientras Derek recogía su copa.

- Muchísimas gracias - susurró - Miriam, esto solo es para probar. Si te agrada la bebida luego te rellena la copa - sonrió leyéndome el pensamiento.

- Si, lo sabía - intenté parecer convincente.
Absorbí el contenido del vaso y asentí lamiéndome los labios.

- Está exquisito - el camarero me rellenó la copa y la de Derek

- Gracias.

El camarero volvió a marcharse dejando la botella en el centro de la mesa.

- ¿Cuánto vale la botella? - pregunté absolviendo el líquido.

- Cada botella cuesta quinientos euros - respondió recordándome a uno de "Callejeros Viajeros".
Al escuchar su respuesta casi vierto el vino por los aires.

- Está bien, si - mentí bajando el tono de voz.

- Tranquila, puedo permitírmelo - rió al ver mi expresión - ¿Vas a clases aún?

- Acabé bachiller pero ahora voy a comenzar con unas clases profesionales - le expliqué.

- Genial, ¿a qué quieres dedicarte? ¿Tienes trabajo? - me interrogó.

¿Cómo responder a todo?

- Quiero ejercer como cantante y no, estoy buscando - reí.

- Espero que encuentres algo que te guste - terminó el vertido de su copa.

- Gracias - hice una pequeña pausa - Derek, una pregunta.

- Dime - susurró dirigiéndome la mirada.

- ¿Enserio no quieres nada conmigo? - pregunté insegura.

- ¿Acaso tú si quieres?

- ¿Yo? No. ¿Por qué todos me preguntan lo mismo? - suspiré hondo bajando la mirada.

- ¿Cómo que todos? - se asustó.

- Déjalo - esquivé el tema.

- Oye, no creo que entre nosotros quepa la posibilidad de establecer una relación seria - se llevó la copa a la barbilla sin mirarme.

- ¿Por? - reí nerviosa acomodándome el vestido.

- Soy demasiado mayor además, tú nunca te enamoraste y no creo que yo sea el afortunado - dejó el vaso en la mesa y clavó la mirada en mis labios.

- ¿Por qué no? Eres... atractivo... simpático... - mis mejillas ardían. Desvié la mirada sonrojada.

- ¿Enserio? - sonrió divertido.

- ¿Sabes? Olvida lo que acabo de decir - me justifiqué. Ni yo misma lo sabía.

- Imposible olvidarlo - exclamó firmemente.

Justamente, el camarero interrumpió nuestro concurso de miradas. Ambos nos mirábamos como si la vida nos fuera en ello.

- Tomen, la carta del menú - susurró amablemente.

- Gracias.

- Gracias, caballero - repitió Derek mirándome.

El camarero fue a atender a una mesa cercana de la nuestra y yo mientras tiempo observaba el menú con la atenta mirada de Derek. Eso me ponía nerviosa.

- ¿Ya has elegido que tomar?

- Vengo con frecuencia a este lugar. Ya tengo en mente un plato preferente al resto.

- Pues experto, recomiéndeme que plato escoger - le visualicé por encima de la carta de menú.

- Señorita, le recomiendo el suflet de ternera con mejillones al escabeche y patatas cocidas - anunció de memoria





- Tiene una pinta espectacular. Tomaré eso - encarté el menú.

- Lo mismo que yo.  ¿Y de postre? - preguntó de nuevo.

- Mmm... tarta de arándanos - me mordí el labio arqueando el entrecejo.





- Te acompaño. Tomaré lo mismo - rió mientras saboreaba mentalmente mi labio.

- Cuéntame, ¿qué haces aparte de vender automóviles? - me interesé.

- Jugar al golf, irme de fiesta, quedar con los amigos para ir al karaoke, ver una peli, llevar a mis clientas a cenar a un sitio lujoso... - arqueó la ceja.

- Oh, lo último no me ha gustado mucho.

- ¿Por?

- Pensé que yo era la única. Me sentía... especial - hice pucheros aguantándome la risa del momento.

- Y lo eres, créeme - sonrió.
Me sonrojé mirándolo fijamente.

- ¿Te gusta tu trabajo? - cambié de tema inocentemente.

- Bueno... mi padre falleció hace unos meses y fue la herencia que me quedó por su parte. Aún me estoy acostumbrando a esto pero creo que mi padre estaría feliz de ver que sigo adelante con lo que él siempre ha querido no solo para él sino para mi. Creo que esté donde esté le hará feliz - embozó una sonrisa mientras bajaba la mirada. En aquel instante, me compadecí de él y le agarré de la mano.

- Lo siento mucho, no tenía ni la remota idea. Perder a un padre debe de ser realmente duro de superar - susurré tiernamente.










- Gracias por tus palabras - sonrió soltándome de la mano.


-  Si te sirve de consuelo... El padre de mi mejor amiga falleció en un accidente de coche hace unos años

- Oh, lo siento. No le deseo esto a nadie - justo al terminar de decir estas palabras, al apoyar la copa, esta perdió el equilibrio vertiendo el contenido sobre la mesa y aterrizando en mi vestido.

- Oh, perdona - se lamentó nervioso recogiendo la copa.

- No pasa nada. Fue un simple accidente, pudo ocurrirle a cualquiera - sonreí sin rencor.
Cogí un pano limpio de debajo de mi plato y me limpié el lugar que se encontraba empapado. El pecho. Derek cogió una servilleta y extendió el brazo. Me ayudó a limpiarme y yo me sonrojé.


- Ohh, no hace falta - sonreí nerviosa.

- Perdona. Enserio, lo siento - volvió a repetir.

- Tranquilo, déjalo - aparté su mano.

- Si que pasa. Te pagaré la tintorería.

- Cierra el pico, olvídalo - le susurré.

- Está bien - suspiró.

- Voy un momento al cuarto de baño.  Necesito limpiarme - susurré irguiéndome.

- Por supuesto.

- Vuelvo ahora - me alejé y le escuché lamentarse por haber cometido ese error.

- Mierda, Derek eres idiota - pronunció.

Me reí y busqué el cuarto de baño. Me retoqué el maquillaje y me miré al espejo. La mancha había desaparecido. Justo, antes de marcharme decidí mandarle un WhatsApp a Jessy para ver como iban las cosas.



[ 04/08/2010; 22:38] Miriam: A pesar de que me he empapado en el vino la cena está resultante bastante agradable. ¿Y vosotros qué tal? ¿Bien?


Agarré mi bolso y guardé mi móvil. Salí del baño y caminé segura dirigiéndome a mi sitio anterior.
Me senté volviendo a dejar el bolso en el respaldo del asiento.

- Ya estoy. Perdona la tardanza - le sonreí.

- No importa, no hay prisa.

- La mancha ha salido.

- Menos mal, pensé que el corazón se me salía del pecho. Es un vestido realmente precioso.

- Gracias. Me costó bastante elegir que ponerme.

- Pues déjame decirte que has elegido estupendamente - me sonrió observándome.

Pasaron unos minutos y los dos nos manteníamos en completo silencio.

- El camarero se está retrasando mucho - susurré. Mi comentario no obtuvo respuesta - ¿No?
Le miré fijamente.

- ¿Derek? - levanté el tono de voz chasqueando los dedos. Estaba realmente perdido en sus pensamientos. Me dí cuenta de que su vista estaba fija en mis senos.

- ¿Te gustan las vistas? - me acomodé el escote.

Apartó la mirada rápidamente.

- No tienes ni idea de lo que me encantan - susurró mordiéndose el labio - Quiero decir... perdona - desvió la mirada ladeando la cabeza.

- Oye, ¿te encuentras bien?

- Si, ¿Por? - rió con naturalidad.

- Estás sudando - mencioné preocupada.

- Será del alcohol. Bebí mucho. Mierda - se explicó. Uno de los tenedores que se encontraban sobre
la mesa resbaló cayendo al suelo.

- Tranquilo, yo lo recojo. A caído sobre mis pies - sonreí despreocupada.

Me bajé y recogí el tenedor. Se lo entregué mientras sonreía.

- Aquí tienes.

- Gracias - rió intentando no preocuparse.

- Perdonen, ¿saben ya lo que desean tomar? - se acercó el camarero con una libreta en sus manos.

- Por supuesto, tiempo no nos ha faltado - dije observando la hora.

Derek tosió de una forma amenazadora.

- Cuéntenme.

- Verá, dos sufles de ternera y de postre... dos porciones de tarta de arándanos - respondió Derek llevándose el dedo índice a la barbilla.

- Bien, en quince minutos estará todo listo - comentó.

- Gracias - agradeció Derek mientras se alejaba.

Me miró amenazante.

- No hagas esos comentarios delante del mozo - me riñó.

- Derek, llevamos aguardando demasiado tiempo - me defendí.

- Pero ese no es motivo para ser desagradable. Tienen mucho trabajo. Mira al tu alrededor.

- Ok, lo siento - bajé la mirada.

Me levantó el mentón.

- Tranquila, no importa - le miré sonriendo ante sus palabras.

Me apartó un mechón de pelo de delante de mi rostro y apoyó el brazo en la mesa.

- ¿Queda bebida? - susurré observando a ambos lados.

- Si, te sirvo - cogió la botella entre sus manos y me lleno la copa.

- Brindemos - levanté la copa.

Él sonrió elevando la copa al igual.

- ¿Por? - rió.

- Por esta gran noche - mencioné arqueando una ceja.

Brindamos y ambos absorbimos el vertido de nuestras copas.

- Ojalá se repita - sonrió.

- No exageres - le amenacé mirándole fijamente.

Dejamos nuestras copas en la mesa y Derek me rellenó de nuevo el vaso.

- ¿Así que el que te acompañaba el otro día era tu hermano? - inició la conversación.

- Si, vivo con él y con mi mejor amiga. Mis padres trabajan como periodistas y no nos visitan con frecuencia - le expliqué. No sé porque le solté todo el rollo.

La abundancia de alcohol recorrió mis venas. Apoyé el codo en la mesa mientras sujetaba mi cabeza.

- Mmm... yo convivo sólo en mi departamento - explicó.

Extendí mi pierna derecha hasta su entrepierna. Empecé a jugar debajo de la mesa.

- Tienes que enseñármelo algún día - me mordí el labio mientras jugueteaba con mis piernas.

- ¿Te diviertes? - dijo mientras me agarraba el pie derecho.

- Bastante - reí - Creo que el alcohol me está afectando.

- Y que lo digas - puso los ojos en blanco soltándome el pie.

Nos trajeron la comida y nos pasamos la cena charlando y entre risas. Tenía que reconocer que me lo pasé genial. Acabamos de comer y él pidió la cuenta. Pocas personas quedaban en el restaurante.
No quise ni mirar la factura de la cena. Me erguí observando las vistas por el gran ventanal mientras me tambaleaba.

Noté como apoyaba su mano en mi brazo derecho y dirigía la mirada al exterior de la ventana.

- Ya está, querías que te mostrase mi departamento, ¿verdad? - susurró sonriendo.

Asentí sonriendo.

- Entonces, ¿aceptas venir a mi casa a tomar la última? - rió.

- Por supuesto, vamos - le cogí de la mano tirando de él.
Derek accedió y nos despedimos de la mayoría de los camareros.
Salimos por la puerta principal y tomamos el ascensor.
Subimos y un grupo de chefs se encontraban en el interior. Me fijé en que Derek seguía agarrándome de la mano. Miré a mis alrededores y justamente en la quinta planta, los chefs se bajaron del ascensor y ambos quedamos a solas en su interior. Comencé a reírme.

- ¿Te has fijado en la pinta que tenían aquellos hombres? - me apoyé en su pecho mientras no podía evitar sonreír.

Derek me devolvió la sonrisa.

- La verdad es que si.

Las puertas se volvieron a abrir y ambos nos dirigimos a la salida. En el aparcamiento, encontramos el auto de Derek. La verdad, es que era tan estiloso como él y lo definía a la perfección.

- Con razón eres jefe de un local de venta de automóviles - susurré mientras me abría la puerta del mismo.

Rió sin responder y entró en el auto. Nos dirigimos a su edificio por las calles principales. Me acomodé en el respaldo del copiloto mirándolo detenidamente al mismo tiempo que recordaba las palabras de mis amigas. Tenían razón, era realmente un chico irresistible e increíblemente hermoso.
En muy poco tiempo, llegamos a su casa. Me abrió la puerta mientras observaba a todos mis alrededores. Era un lugar apartado de la ciudad y muy interesante.

Entré y era un edificio muy espacioso y de alta altura. Moderno...





EL EDIFICIO:








Entramos en el departamento y la verdad es que su gran sala de estar me sorprendió. Entré y visualicé la zona. Era muy luminosa, repartida y voluminosa. Solo una planta de plástico adornaba el lugar y algunos cuadros de él mismo y personas irreconocibles. La pantalla de plasma se situaba frente el sofá a una altura razonable. Parecía un lugar muy interesante y cómodo. El beys le favorecía en los dos sentidos ya que le daba más fosforescencia.




                                                                                                                   LA SALA:








Me volteé para observar el rostro de Derek.
Él estaba apoyado contra la puerta de la sala con las manos en los bolsillos y mirándome con una sonrisa. Se mantenía realmente sexy e irresistible.
Sonreí por lo bajo mientras bajaba la cabeza mordiéndome el labio.

- ¿De que te ríes? - dijo mientras me acercaba a él.

- Eres realmente muy atractivo y no me cansaré nunca de decírtelo.

Sonrió observándome de arriba a abajo.

- No te rías de mi. De verdad, iba enserio - mencioné asombrada ante su reacción.

- Supongo que... gracias.

Me ayudó a desposarme de mi chaqueta y me agarró el bolso dejándolo en el perchero de detrás de la puerta.

- Vuelvo ahora. Siéntate en el sofá - sonrió marchándose a la cocina.

Me senté acomodándome el vestido. Mi escote brillaba más que la luna. La mancha había dado su fruto dejando un enorme brillo. Puto tinto. Me acoplé en el sofá sentándome sobre mis piernas.
Derek volvió con dos copas de ginebra.




Se sentó a mi lado y posó la botella en una pequeña mesa de cristal ofreciéndome la copa.

- ¿Qué hora es? - pregunté absorbiendo el contenido de la copa.

- Las dos de la madrugada - exclamó observando su reloj de pulsera.

- Se me está haciendo tarde - mencioné desviando la mirada.

- Si quieres te puedes quedar a dormir - rió.

- Pero duermo en el sofá - mencioné mostrando una sonrisa.

- Mala -  rió absorbiendo la ginebra y posando la copa en la mesa.
Se desabrochó la americana y la desplazó por sus hombros. La dejó sobre uno de los brazos del sofá y se acomodó la camiseta de tiras.

- ¿Usas americanas habitualmente?

- No, solo para ocasiones especiales - sonrió.

- ¿Y esta es una ocasión especial? - fruncí el ceño extrañada.

Asintió volviendo a recoger la copa.

- ¿Tú eres más de relaciones largas o de rollos pasajeros? - preguntó observándome mientras apoyaba su codo en el respaldo del sofá.

- Rollos. O sea, alcohol, cama y adiós - reí forzosamente.

- Vaya, me gusta - se acercó más a mi mientras se mordía el labio inferior.

- ¿Y tú? - me alejé apoyando mi cabeza en uno de los brazos del sofá y mirándolo desde abajo.

Sus ojos brillaban velozmente.

- ¿Yo qué? - rió bajando la mirada.

- ¿Eres de relación o rollo de una noche? - me expliqué mientras entre cerraba los ojos.

- Depende, si realmente me gusta esa persona no la dejaría escapar por nada en el mundo - volvió a morderse el labio mientras acariciaba su mentón.
Me erguí sentándome a su lado y nos miramos fijamente durante unos minutos.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué me miras de esa forma? - susurré mientras arqueaba una ceja.

- Porque eres preciosa - desvió la mirada haciendo una mueca.

- Enserio, debes parar - dije seriamente.

- ¿Qué he hecho yo ahora? - sonrió acercándose a mi.

- Me pones nerviosa.

- ¿Por? - rió mientras bajaba la mirada hacia mis labios.

- Porque te acercas a mi de una forma muy provocativa - me expliqué intimidada.

- Así que pasé de atractivo a provocador - se asombró rozándome el brazo izquierdo.
Noté como la piel se me ponía de gallina.

- Eres... - sonreí sin poder deletrear palabra.

- ¿Qué soy?

- Un completo gillipollas - le abofeteé la cara suavemente pero él me agarró por la muñeca mirándome fijamente. Bastante intimidante la verdad.

- ¿Así que le llamas gilipollas a la persona que acaba de llamarte preciosa? - se ofendió.

- También eres muy idiota - arqueé la ceja funciendo los labios.

Asintió como quien no está escuchando tus palabras.

- ¿Quieres soltarme y dejar de tomarme el pelo? - mencioné.

- ¿Y si no quiero soltarte? - frunció el ceño mientras me observaba fijamente.

- Pues no lo hagas - mencioné mientras mi pulsación se aceleraba.

Se acercó más a mi hundiendo las manos en mi cabello mientras me sujetaba de la nuca. Me incliné y terminé apoyada en el brazo del sofá. Derek se colocó encima de mi, inmovilizándome. Me rozó los labios con su dedo pulgar y se acercó a mis labios. Cerré los ojos al mismo tiempo que acariciaba su sedoso pelo. Al abrirlos, me encontré técnicamente en su boca. Bajé mis manos por su abdomen mientras mi lengua se entrometía entre nosotros y comenzaba a juguetear con la de él. Al final, tuvimos que separarnos por la falta de aire. Le miré fijamente inmovilizada y él se apartó irguiéndose.







- No te di permiso para besarme - seguí impasible.

- Lo siento, no debí hacerlo - se tapó el rostro con las manos reflexionando sobre lo que acababa de hacer.

- ¿Sabes? Estoy demasiado ebria para echarte la bronca - me levanté acomodándome de nueve el bajo del vestido.

Derek me miró sin pronunciar palabra.


- Creo que mejor me voy - susurré sin mirarle.

- No te vayas.

- Si por mi me quedaba un rato más pero mi hermano seguramente estará preguntándose donde estoy - sonreí mientras me tambaleaba.
Derek me agarró de los hombros.

- Siéntate, estás demasiado ebria para irte a tu casa - me explicó.

- Está bien, un poco más. A las tres me voy - anuncié observando mi reloj de pulsera.

- Genial, ¿quieres tomar algo que no sea bebida alcohólica? - susurró enseñándome la botella de Ginebra vacía.

Me senté.

- No, me duele cabeza - reí inútilmente.

- Vale, estás borracha y apestas a alcohol.
Se sentó a mi lado.

- Oh, el jefe de un local de automóviles me ha emborrachado para robarme un beso - exclamé con emoción - Es un buen titular para el periódico - me senté sobre mis rodillas mientras me acicalaba el pelo.

- Ya te perdí perdón. Aunque lo disimule estoy tan alcoholizado como tú - rió sentándose a mi lado.

- Oye, ¿dónde está el baño? - susurré con inmensas náuseas.

- Al fondo a la izquierda - me señaló no muy consciente de a donde apuntaba.

Nada más terminar él de hablar, me dirigí al cuarto de baño casi corriendo y vomité sobre el wáter.
No me dió ni tiempo a explorar la zona en donde me encontraba. Cuando las náuseas cesaron, me senté al lado del excusado y cerré los ojos. Cuando volví a abrirlos, Derek se encontraba frente a mi de cuclillas.

- ¿Estás bien? - comenzó a reírse como nunca lo había visto.

- No te rías de mi - volteé los ojos desviando la miraba.

- No lo hago - se sentó a mi lado y yo me apoyé en su pecho mientras él me acariciaba el cabello.

- Siempre pensé que las náuseas solo podían sufrirlas las embarazadas pero creo que me equivoqué - fruncí el ceño mientras me agarraba fuertemente a su camiseta.

- Dios - rió inclinando la cabeza hacia atrás - Eres muy graciosa.

- Me duele la cabeza - puse morritos mientras me acomodaba en su regazo para poder observarlo.

- Creo que deberías descansar - se irguió ayudándome a levantarme del frío suelo de su cuarto de baño.

- No - protesté.

- Soy capaz de cogerte en brazos y cargarte hasta el cuarto - me amenazó.

Sabía que si lo hacía volvería a vomitar.

- Está bien - refunfuñé cogiéndole de la mano que él mismo me ofrecía.





Me llevó hasta su cuarto y cerró la puerta con pestillo.
Se giró acercándose a mi.

- Échate en la cama. Necesitas descansar - me ordenó.

Me tumbé en ella cerrando los ojos. Él se acercó a mi con una pastilla en sus manos.

- Toma, para el dolor de cabeza. Son muy efectivas - me la entregó y yo la recogí tragándomela.

- Aparte de dependiente también eres farmaceútico. Nunca dejarás de sorprenderme - sonreí mientras entre abría los ojos.

Él sonrió mientras me quitaba los tacones apoyándolos a un lado.

- Estás muy tensa - exclamó en un tono demasiado sexual - Voy a darte un masaje en los pies.

Sonrió mientras me miraba de reojo.

- ¿Enserio? - suspiré - Derek, eres un tio de puta madre - le piropeé.

- Lo sé, querida. Lo sé - me guiñó un ojo.

Se arrodilló y tomó mi pie derecho entre sus manos comenzando a acariciarlo en círculos.
Me relajé cerrando los ojos.

- Esto es la gloria - susurré mordiéndome el labio.

- Aún no he llegado a la mejor parte -sonrió.

Deslizó sus manos hasta la palma inferior de mi pie. Presionó suavemente esa zona haciéndome sentir un fuerte dolor satisfactorio en mi entrepierna. Volvió a repetir el mismo gesto y no pude evitar abrir los ojos mientras expulsaba un suave gemido demasiado sonoro.

- ¡Dios! - me hundí entre las mantas.

- ¿Lo has sentido? - sonrió observándome mientras volvía a presionar la misma zona.

Una fuerza recorrió mis sentidos y soltando un último gemido me corrí yo sóla con la atenta mirada de Derek.

Él se detuvo y se irguió acercándose a mi.

- ¿Mejor? - arqueó una ceja con naturalidad.

- ¿Cómo he podido correrme si ni siquiera me has tocado... ahí? - anuncié casi sin respiración.

- Todas las mujeres tienen una especie de punto G en la planta de ambos pies. Solo hay que buscarlo - me guiñó un ojo divertido.

- Ha sido increíble. Hasta se me ha pasado el dolor de cabeza - sonreí observándolo mientras inclinaba mis piernas.

- Si quieres puedo pasar directamente a masajear tu ingle - se mordió el labio con ojos llenos de deseo.

- ¿Estás de coña? - reí - Anda, ven aquí - susurré con voz provocadora.

Se acercó aún más a mi y se tumbó a mi lado derecho mientras me sonreía satisfactoriamente.

- Me parece que no has entendido la indirecta - susurré.

Él se volvió hacia mi y se colocó sobre mi con extremo cuidado. Cuando estaba lo suficientemente cerca enrollé mis manos a su nuca mientras le mordía el labio inferior.




Él, apoyó ambas manos en mis pechos y los acaricié ligeramente.

- Ahora si que te doy permiso, hazme tuya - grité en un gemido.

Sonrió mientras se acercaba para lamer mi cuello. Finalmente, a unos centímetros de mi boca. Me impulsé hacia él hundiéndonos en un profundo beso mientras mis piernas se agarraban firmemente rodeando sus caderas. El beso cada vez se hacia más intenso y yo no tenía la intención de cesar.








- Me pierdo en tus labios - susurré mientras me volvía a halar por los hombros.

- Yo me pierdo pero del mundo exterior - rió mientras se erguía.

Me agarró el bajo del vestido con los dientes subiéndolo lentamente hasta mi cintura. Luego me agarró por los tobillos lamiendo mis piernas en sentido perpendicular.

- Pervertido - reí observándolo mientras levantaba la ceja.

- Lo sé - me miró sonriendo.

Me empezó a besar el cuello. Yo me agarré a él pero Derek paró de besarme frunciendo el ceño.

- ¿Qué sucede? - pregunté acariciándole el mentón.

- ¿Estás segura de qué quieres hacer esto? - preguntó bajando la vista a mis labios.

- Nunca he estado tan segura de ello en toda mi vida - le sonreí tímidamente mientras acariciaba su cabello.

Juntó mi nariz con la suya acariciándola con ternura y me miró a los ojos detenidamente.

- ¿Sabes? Soy muy bueno en la cama - hizo una mueca riendo.

- Lo que tú digas - le golpeé en el brazo.

- ¿Quieres probar lo bueno que soy? - dijo mientras le rodeaba el cuello con mis brazos.

- Lo estoy deseando, cariño - reí ante mi cursilada. Se notaba que estaba muy bebida.
Me robó un beso mientras bajaba mis manos por mi torso.


- Se acabó la charla - arqueó una ceja.

- Y que lo digas - suspiré.

Luego me besó el cuello y yo me agarré a Derek fuertemente con mis uñas.
Él me volvió a besar en los labios.
Me agarró por el culo pegándome más a él.

Empezó a besar mi escote.
Yo me incliné hacia atrás y le acaricié el pelo.



Miriam: Eres el puto amo.



Él me hizo callar con un beso en los morros.
Le quité la camiseta y la retiré al suelo.
Empecé a darle suaves besos por todo el cuerpo mientras él me miraba fijamente.
Paré y le miré.
Tenía unos ojos brillantes que iluminaban la habitación.

Me volví a tumbar mientras él se erguía sin dejar de clavar la mirada en mi.

- Quítame los pantalones - me ordenó.

Me mordí el labio mientras me ponía a la altura de su cintura y le agarraba la cremallera de sus vaqueros acercándolo mucho más a mi.
Se la bajé con la boca haciéndole suaves cosquillas en su entrepierna.
Luego los deslicé por sus piernas hasta que terminaron cayendo en el suelo junto con el resto de la ropa.
Se acercó a mi tumbándose sobre mi.

- Una cosa, no serás virgen - exclamó.

- Ni de coña - reí ante su pregunta.

- Esta noche vas a despertar a los vecinos con tus mil y un gemidos - rió cerca de mis tímpanos.
Me estremecí mientras él me acariciaba el trasero al mismo tiempo que rozaba sus labios sobre mis piernas.

- Me encantas... - se mordió el labio mientras le besaba la nuca.

- Pues tú a mi no - reí.

Derek tampoco estaba nada mal. Se notaba que iba mucho al gimnasio por los abdominales y los bíceps que abundan en su cuerpo.

Se levantó un poco.

Me empezó a besar el cuello por detrás, me apartó el pelo hacia un lado y me susurró al oído:

- Que sonrisa más pervertida - rió rozándome el lóbulo de la oreja.


Yo sonreí y él me siguió besando hasta que me bajó la cremallera del vestido.

Luego, me besó la espalda.
Me giré y le besé.

Introduje mis manos por dentro de sus calzoncillos y se lo fui bajando poco a poco hasta que se lo quité y los lancé al otro lado de la habitación.

Él me subió el vestido poco a poco hasta que me lo quitó completamente.
Derek empezó a besarme los hombros hasta que hizó que se me bajarán las tiras del sostén.
Luego se puso encima de mi mientras me daba suaves besos en la tripa.

Se sentó al borde de la cama separándose de mi mientras rozaba todo mi cuerpo con sus labios.

- Ven aquí - dijo con voz ronca.

Me levanté sentándome en sus piernas frente a él. Derek comenzó a juguetear con la goma de mis bragas. Reí mientras me erguía bajando la mirada. Él se levantó rodeándome la cintura y mirándome fijamente mientras deslizaba mis bragas por mis piernas. Volvió a sentarse mientras me plnataba un dulce beso. Le pegué en el brazo suavemente mientras me sentaba sobre él y nuestros sexos se rozaban suavemente. Le agarré la nuca con mis brazos y lamí su pecho mientras él desplaza su mano hacia mi trasero.

Me fue besando todo el cuerpo hasta que llegó a una parte concreta.
Al besarme ahí un escalofrío recorrió mi cuerpo.


- Para - cerré fuertemente los ojos.

Siguió besándome y yo aparté su cabeza de mi ingle.

- Te he dicho que pares - susurré ofendida.

- Perdona - apartó las manos mientras bajaba la mirada - ¿Sigo?

- Sigue - sonreí.


Me volvió a besar en los labios y yo acaricié todo su cuerpo.
Me paré un segundo para mirarle fijamente a los ojos.
Le besé y él me siguió el beso.

- Eres hermosa - dijo acariciándome el cabello mientras yo le miraba fijamente a los ojos.

- Como me haces la pelota - fruncí los labios riendo.

- ¿Yo? Solo digo la verdad.

- Ya, ya - susurré cerca de sus labios.
Entrelazó sus manos con las mías apegándome más a él.

Me volteé dándole la espalda.


- Está es nuestra noche - me susurró al oído con una ampla sonrisa.
Me apartó el pelo de la espalda dejándolo a un lado.

Me besó el cuello al mismo tiempo que me desabrochaba el sujetador y lo dejaba a un lado.
Yo me reí.

- Que risa más sexy - dijo levantándome los brazos al mismo tiempo que elevaba los suyos.

- Pervertida mejor dicho - sonreí cerrando los ojos.

Me volví a voltear y él desvió la mirada hacia mi pecho. Sonrió y mientras Derek me acariciaba los pechos yo le besaba levemente el cuello dándole pequeños mordisquitos.

Se rió cuando me mordí el labio.
Luego me tumbé y él se puso sobre mi.

- Voy a comenzar, ¿vale? - me sonrió.

- Lo estoy deseando - me agarré fuertemente a sus hombros mirándolo con timidez.

Se sacó los zapatos y cogió un condón. Abrió el paquetito y se lo puso.

- Ya - rió haciendo un suave movimiento para que me acercara más a él.

- ¿Crees...? Da igual - me sonrojé bajando la mirada a su entrepierna.

- ¿Qué? - preguntó interesado.

- Nada, nada. es una tontería - reí volviendo a halarlo por la nuca.

Hizo un pequeño movimiento hacia delante introduciéndose dentro de mi

Así varias veces siguiendo el mismo ritmo. Se veían sus ojos negros deslumbrando en la penumbra de la noche.
Solté un suave gemido mientras entrelazaba mis piernas alrededor de su cintura.
Derek sonrió mientras me observaba de reojo.

Le sonreí y me agarré a él haciendo que se acercará más a mi.
Él seguía moviéndose cada vez mas rápido dentro de mi.
Unos suaves gemidos resonaron por la habitación.
Me besó e hizo que mis quejidos cesaran.







- ¡Oh, Dios! - me agarré fuertemente a él clavando mis uñas en su espalda. Sabía que no le hacía daño porque aún poseía la camiseta.

- Te dije que era buenísimo - rió volviendo a profundizar más en mi.

Me abalancé sobre él y comencé a llenarle de besos. Él siguió hasta que sentí un profundo placer. Incliné la cabeza y me corrí sobre él.

De solo verlo era irresistible no comérselo a besos.
Lo empujé haciendo que se tumbara en la cama y le cogí el bajo de su camiseta mientras la deslizaba por su torso. Él levantó los brazos dejándome extraérsela. Luego le empujé recostándolo.

Me deslicé por su abdomen lamiéndolo. Reí apoyándome en su pecho mientras Derek deslizaba sus manos por mi ingle. Me apoyé en sus antebrazos y le agarré los brazos posándolos sobre mi tripa. él me agarró con fuerza mientras me mordía el lóbulo de la oreja.

- De verdad - reí volteando los ojos.

- Me centró en lo que me importa - rió besándome el cuello.


Me recosté a su lado entrelazando mis manos con las de él.



Y la luz de las velas se apagó consumiéndonos en una gran oscuridad...











Narra Coque:



Agarré una botella de Tequila que aguardaba a ser bebida en el frigorífico y cogí una de las copas. Subí las escaleras entrometiéndome en mi habitación. Posé la botella en la mesita de noche y me recosté en mi cama. La verdad es que no era consciente de mis actos ni de mis palabras. Los ojos se me entrecerraban y cuando me di cuenta, la botella de Vozca había derramado el vertido por el piso de la habitación.

Dentro de unos minutos, la puerta de mi cuarto se abrió. Jess se encontraba apoyada en el marco sonriéndome mientras me miraba fijamente.

- Entra, aún queda Vozca - levanté la botella en el aire mientras desviaba la mirada.

Entró, me moví a la izquierda para dejarle sitio y ella se sentó a mi lado arrebatándome la botella de las manos.

Me sonrió y bebió de la boquilla sin decir palabra.

- Está bueno - reí robándole la botella.

- Trae - extendió el brazo recostándose a mi lado.

- No, es mía - reí.

Se colocó sobre mi intentando robarme la botella de Vozca.

- Déjame - le miré fijamente mientras intentaba soltarme.

Se abalanzó sobre mi y me besó con fuerza mientras me agarraba de la nuca con la mano izquierda y con la derecha me robaba la botella.




Se separó de mi con la botella en sus manos y me echó la lengua mientras yo me relamía los labios.

- Soy una estratega máxima - rió irguiéndose mientras absorbía el resto del líquido de la botella.

Me levanté acercándome a ella y quitándole la botella de las manos.

- Eso es trampa, me has engañado - dije tambaleándome - Mira, te has acabado la botella.

- ¿Tienes más? - rió mientras se acercaba a mi tomándome de los hombros.

- No - mencioné riéndome.

- Sino estuviera tan borracha te echaría la bronca - dijo mientras se volvía a tumbar en mi cama.

- ¿A mi? ¿Por qué? - exclamé volteándome mientras ella me hacía una señal para que me acostase a su lado.

- Por emborracharme y por besarme a traición - rió mirándome fijamente.

Me tumbé a su lado sin dejar de mirarla.

- Tú me lo pediste - susurré seriamente.

Jessy paró de tomárselo en broma y me acarició la mejilla mientras me miraba dulcemente.

- ¿Y si te lo volviese a pedir volverías a hacerlo? - preguntó confusa.

- Prueba - respondí con el mismo gesto.

- Coque, vuelve a besarme, por favor - se mostró sincera sin dejar de mirarme.

Acaricié su nuca y me introducí dentro de su boca con fuerza. Jessy me siguió el beso jalándome por la camiseta para que me acercase más a ella y acariciando mi barbilla.











Seguí besándola hasta que perdí el conocimiento...







Narra Derek:


























ADELANTO EXCLUSIVO (CAPÍTULO 17):






Escena de *****:



Salí de aquel lugar con los ojos inundados de lágrimas.

Querer tanto a alguién y poder perderlo en unos segundos...







4 comentarios :

  1. Dentro de unas semanas no te puedo decir la fecha concreta :)

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  2. Estoy enganchada a tu novela desde que empecé a leerla. Me gusta como escribes.
    Me he quedado intrigada con el adelanto del siguiente capi.
    Con ganas de leer el siguiente :)
    Besicos<3
    @PastelitaTala

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